El patrimonio ecológico no es estable, sino que siempre está en constantes cambios y modificaciones por agresión, desidia o incuria. Sin embargo, es algo que no ocurre frecuentemente. Pero hay ocasiones en las que surge la aparición o recuperación de piezas desconocidas o que se daban por perdidas, es el caso de las esculturas zoomorfas célticas llamadas verracos. Entérate de qué misterios esconden los verracos vetones leyendo este post. ¡Está de lo más interesante!

No hubo nada que hablara sobre la existencia de unas extrañas esculturas de granito con forma de toros, cerdos y jabalíes, ni siquiera en las crónicas romanas, ni las visigodas, ni las islámicas sobre la península ibérica. Fueron esculturas que abundaban al oeste de las Mesetas.
Fue a finales de la Edad Media cuando apareció un texto redactado cerca del siglo XIII, titulado “El Fuero de Salamanca”, allí se hacía referencia a unas figuras conocidas como verracos.
Qué son los verracos vetones
Los verracos vetones son figuras hechas en granito con forma de toros, cerdos, jabalíes y, en ocasiones, de animales no identificables. Son esculturas propias de los vetones y, con el tiempo, se han encontrado alrededor de 400 ejemplares. Pero a ese número, seguro tocará anexarle los que aún siguen ocultos y que no han sido descubiertos todavía.

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Las figuras de verracos no tienen muchos detalles, sino más bien tienen formas casi abstractas, convencionales y reconocibles. Muchas de ellas presentan órganos sexuales masculinos, pero lo más curioso es que ninguna con órganos sexuales femeninos.
Otra particularidad de estas esculturas es que todas están en la misma postura, de pie, pero hay algunas que tienen una posición como de embestida. Con respecto a su tamaño, pueden variar unos de otros: algunos son de medio metro de largo, pero otros pueden alcanzar hasta los tres metros. Ahora, con respecto a la tipología, se han identificado cinco tipos de toros y cuatro de cerdo, que representan diversos estilos que pertenecen a diferentes talleres regionales.
Origen de los verracos vetones
Los verracos vetones poblaron parte de la Península ibérica y Lusitania. Sus costumbres y cultura se distribuyeron por toda la Península ibérica. Los vetones fue el nombre dado por historiadores griegos y romanos al conjunto de los pobladores prerromanos de cultura celta que vivían en un sector de la parte occidental de la Península Ibérica y que, más o menos, compartían un denominador común.

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Su asentamiento se ubicaba en los ríos Duero y Tajo, sobre todo en los territorios de las provincias españolas de Ávila, Salamanca y Cáceres. También en parte de las de Toledo y Zamora. Con respecto a su cultura, se caracterizaron por ser guerreros y ganaderos. Las comunidades vetonas eran dirigidas por una estratocracia que eran las que controlaban los recursos, en especial el ganado.

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Sus construcciones se ubicaban en asentamientos elevados, entre ellos los castros u Uppida de Ulaca, Sanchorreja, El Raso, Las Cogotas y Mesa de Miranda.
Dónde están los verracos vetones

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Los verracos vetones se han localizado en diferentes lugares, como son las excavaciones arqueológicas realizadas y, en las murallas de la ciudad de Ávila y otros más dentro de un patio de la catedral abulense. También en la localidad de Vicolozano a unos 5 kilómetros de la capital, fueron descubiertas tres esculturas más, una de ellas en una rotonda de la carretera que une Ávila con Villacastín. Una segunda de ellas en el jardín de una venta y la tercera que iba ser tirada a una escombrera y que, a día de hoy, adorna un restaurante.

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Otros lugares donde han sido encontradas es en Ojos Albos, en Ávila donde se han encontrado tres figuras más en el palacio y sitio de Tabladillo, conformado por un único conjunto escultórico. Se descubrieron tres de ellas en Aldea del Rey Niño, una de ellas en un pajar. A 32 kilómetro de Ávila, en el municipio de Papatrigo se encontraron dos verracos empotrados en la espadaña de la ermita de Santo Tomás Apóstol.

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Por otro lado, otro animal fue descubierto a 60 kilómetros de la capital, en San Miguel de Corneja en un derrumbe de un pajar. Se localizaron algunos ejemplares junto al arroyo del Hocico, afluente del Tajo. Se recuperaron y se extrajeron de las aguas y ahora están en proceso de restauración.

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Se hallaron dos verracos más en Paraleda de San Román (Cáceres), sumergidas bajo las aguas del Pantano de Valdecañas. También, en Jarandilla de La Vera donde estaba empotrado en el interior de la iglesia de Santa María de la Torre, justo en la escalinata que da al campanario.
Misterios y leyendas de los verracos vetones

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Según testimonios de Gonzáles Dávila en su obra “Teatro Eclesiástico Abulense”, a los verracos se les conocía como «osos», también en Portugal se les llamaba así. Hay otra confusión con respecto a estos verracos, considerados como animales hembras cuando en realidad están claramente expresados con órganos sexuales masculinos. Por tal motivo, llegaron hasta nuestros días con nombre tales como: “Porca de Murca”, “Porca de Failde”, “Marrana Cárdena”, etc.

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Hay teorías que sostienen que los verracos están relacionados con Hércules. En 1596, Gil González Dávila dijo, que la manera como colocaron los romanos la figura de toro en el puente de Salamanca fue muy similar a como lo pusieron en otra parte, junto a los ríos. En los principales ríos de España figuraban los toros de Guisando y los torillos eran solo una memoria que Hércules dejó donde fundó ciudades.

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Otros autores consideran que las esculturas, al tratarse de toros y jabalíes, parecieran tener un carácter y simbolismo con respecto a la fábula de Hércules y los cerdos con respecto al culto tributado a las deidades de la tierra. Un significado muy extendido de este tipo de esculturas verracas, fue haberlas considerado hitos y mojones con respecto a las cañadas que los ganados trashumantes seguían.
Los cerdos se consideraban simulacros célticos que tenían carácter de mojón para deslindar regiones, comarcas o alfores. En opinión del autor Paredes Guillén, los toros, cerdos y el resto de figuras toscas han sido hitos, mojones o guías usadas para marcar los caminos pastoriles. En la antigüedad debían haber sido muchos, por la cantidad de nombres de sitios o pueblos considerados originarios.
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Galería de imágenes ¿Qué misterios esconden los verracos vetones?




