La leyenda de los niños llorones

¿Has escuchado hablar sobre la leyenda de los cuadros de los niños llorones? Imágenes conmovedoras pero también escalofriantes que se vendieron a lo largo de todo el mundo y que hoy día siguen suscitando revuelo. Os contamos cuál es la historia que se esconde bajo estos cuadros y quién es su autor. Origen de la […]

¿Has escuchado hablar sobre la leyenda de los cuadros de los niños llorones? Imágenes conmovedoras pero también escalofriantes que se vendieron a lo largo de todo el mundo y que hoy día siguen suscitando revuelo. Os contamos cuál es la historia que se esconde bajo estos cuadros y quién es su autor.

Origen de la leyenda de los niños llorones

Tenemos que trasladarnos hasta los años 70 y 80, cuando los cuadros conocidos como «los niños llorones» tuvieron un éxito desbordante en todo el mundo. En estos cuadros, como os podéis imaginar y ver en las fotografías que os compartimos, se trataban de retratos de niños llorando, escenas lacrimógenas que provocan una sensación de nostalgia, de ternura y a su vez de repelús.

De la mano de su gran éxito también llegó una leyenda negra apabullante. Muchas familias escogieron estos cuadros para adornar su casas pero… Cuentan que tras dichas imágenes se escondía una oscuridad que era capaz de desprenderse no solo al espectador si no al futuro de dicha casa.

¿La razón? Cuentan que los protagonistas de dichos cuadros eran niños que vivían en orfanatos o casas de beneficencia, en un contexto donde la segunda Guerra Mundial había hecho su aparición, por lo que la tristeza y el sufrimiento reflejado en sus miradas era, cuánto menos, sobrecogedora.

La cosa se pone más cruenta cuando comenzó a circular la leyenda de que el pintor de estos cuadros, Bruno Amadio – más conocido como Giovanni Bragolin-, había vendido su alma al diablo para conseguir que su obra alcanzase el éxito. Como consecuencia de este acto, las obras que el creara estarían malditas y serían portadoras de desgracia a todo aquel que colocara uno de sus cuadros, o reproducciones de los mismos, en su hogar.

Dicen que el primer incidente sucedió en el orfanato donde había pintado a yno de los niños. Tras terminar la obra había querido obsequiar a la institución con uno de sus cuadros y aunque no se sabe cuanto tiempo pasó después de aquello, se produjo un incendio que calcinó el lugar, incluidos a todos aquellos que vivían en su interior, donde aún se encontraba el modelo del cuadro. No solo es el hecho trágico es que cuentan que entre las cenizas encontraron el cuadro del niño llorando en perfecto estado. Después de eso, se comenzó a decir que aquel cuadro contenía el alma del crío.

Posteriormente, entre los 70 y los 80, dicen que las desgracias continuaron sucediéndose a todos aquellos que tenían cuadros de estos niños en sus casas. En la mayoría de los casos se sucedían incendios que reducían a cenizas tanto a la casa como a sus habitantes mientras que los cuadros permanecían en buen estado, también se hablaba de que provocaban mala suerte a sus habitantes o que podían derivar en la muerte de una u otra forma. No cesaba de hablarse de ellos como cuadros embrujados.

La leyenda no terminó ahí. Comenzaron a surgir testimonios de personas que se declaraban testigos de todo lo ocurrido, portadores o dueños de los cuadros e imágenes que habían conseguido sobrevivir y que describían que a llegar el cuadro a la casa comenzaron los fenómenos paranormales. Por ejemplo, algunos contaban que al llegar la noche se escuchaban lamentos, risas siniestras de niños, ruidos sin explicación y, también, la sensación de sentirse observados por el niño del cuadro.

Tuvo tanto peso lo sucedido que no solo se quedó en el boca a boca, si no que llegaron a publicarse noticias al respecto en el periódico “The Sun” donde se pedía encarecidamente que todo aquel que lo leyera enviara los cuadros que tuvieran en su poder para producir una quema colectiva bajo la supervisión de los bomberos.

Quién fue Bruno Amadio

Muchos le conocieron como Giovanni Bragolin, pero realmente su nombre era Bruno Amadio, un pintor y escultor italiano que utilizaba un seudónimo para ciertos trabajos.

Bruno Amadio nació en 1911, en la ciudad de los canales, Venecia. Estudió artes plásticas y, posteriormente, desarrolló su propia técnica, con una pincelada y un estilo propio que lo diferenciaría de otros autores de su época.

A nivel personal, su ideología política también ha formado parte de la historia que ha envuelto a este hombre hasta la posteridad. De joven se unió al movimiento mussoliniano, como muchos otros, y se cree que esto propició su relación con los artistas plásticos futuristas de dicho movimiento, quienes estaban dirigidos por Marinetti. A su vez, por la época histórica en la que vivió, fue llamado a filas y formó parte del ejército italiano luchando en la Segunda Guerra Mundial. Se cree que esto tuvo un gran impacto en su forma de ver el mundo, sobre todo el cómo presenció en cada una de las contiendas que se llevaron a cabo el sufrimiento y la desolación infantil debido a la guerra y todo lo que ella supone.

Prueba de esta mella que dejó la guerra, el sufrimiento y la infancia tenemos los retratos de 27 niños, conocidos como Los Niños Llorones, a los que se les atribuye su autoría. Imágenes, que más allá de la leyenda, conectan y conmueven al espectador, pues transmiten todo el sufrimiento infantil en la mirada, sus rostros y las lágrimas. Dicen que para firmar estos cuadros es cuando utilizó el seudónimo Giovanni Bragolin.

Estos cuadros fueron reproducidos en láminas de papel y tablas, alcanzando el éxito a nivel internacional en la década de los 70 y los 80. Si estáis interesados, hoy día todavía se venden algunas reproducciones.

Dicho esto, Bruno Amadio no solo pintó Los niños llorones, también se pudo recuperar una obra de 1941 en el que retrata a una hermosa mujer mientras dispara una flecha con el arco.

También pintó bodegones de estiloa cademicista.

Qué fue del pintor

Tras la Segunda Guerra Mundial se fue a vivir a Sevilla, donde se cree que pintaría Los niños llorones, al igual que le sitúan en Madrid en algún momento.

Más tarde, en la década de los 70, regresaría a Italia para instalarse en una villa de Papúa. Cuentan que pasaría este tiempo pintando cuadros para turistas, de la misma forma que haría en Florencia posteriormente.

Datos más exactos afirman que en 1979 seguiría pintando y que sería en 1981 cuando fallecería en Papúa.

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