Porcofobia, un odio histórico (III): el cerdo, un animal venerado desde la Antigüedad
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Sin embargo, un hecho contrapuesto a estas creencias es que el cerdo ha sido, quizás, uno de los animales más venerados desde la Antigüedad, pues es una de las bestias e quienes se puede consumir prácticamente todo sin desperdiciarlo.
Por ejemplo, en Roma el cerdo era un animal muy importante, desde el barrio popular de la Susurra, sede de los Siete Pecados Capitales, hasta la mesa de Trimalcón (héroe de Petronio), donde se ofrecía a sus invitados cerdos enormes de cuyo vientre abierto escapaban volando cardenales y pinzones, y que era una descripción sumamente realista de un banquete ofrecido por un ostentoso liberto y nuevo rico.

Platón en una de sus obras ya clásicas recuerda al inventor de la morcilla, un personaje llamado Aftónitas, a quien se le atribuye también la “paternidad” de los chorizos.
En la etapa denominada como Edad Media, encontramos la creación de la mortadela, que se cree fue elaborada por primera vez en Babilonia, cuyo nombre derivaría del mortero en el cual se machacaban la carne y las especias. En este período somos testigos de observar cómo en las fronteras nació la costumbre, frente a sus vecinos moros y judíos, de enviar una bandeja de menudencias del animal recién sacrificado a algún vecino, que se convertía en doble certificado, tanto de aquel que donaba como del que recibía.
Nuestro afamado escritor Miguel de Cervantes también alude al cerdo en su obra, con el objeto de elogiar las habilidades de Aldonza Lorenzo o Dulcinea del Toboso; e incluso Arcipreste de Hita cita en su Libro del Buen Amor, una deliciosa polémica entre diversos personajes, don Carnal y doña Cuaresma, quienes tercian por los oportunos apuntes de don Tocino.
Y todo ello fundamentado en las islas Melanesias del sur del Pacífico y Nueva Guinea, donde las tribus horticultoras de esta región consideran al cerdo como un animal sagrado, que se sacrifica a los antepasados y únicamente se come en celebraciones especiales: bodas o funerales, según se tercie. Esto se acepta en el hecho específico que indica que éstos creen en que su ascendencia ansía la carne de este -nunca mejor dicho- limpio animal, pues le consideran un manjar digno de dioses.
Incluso durante varios días seguidos, tal y como han atestiguado gran cantidad de viajeros, y tal y como está documentado, se realizan fiestas donde los aldeanos y huéspedes de estos lugares comen la carne de cerdo en cantidades asombrosas hasta prácticamente vomitar, inclusive realizando este acto cuando no pueden engullir más alimento, con el objeto exacto de no defraudar a sus Padres.
Pero este es un hecho que choca muy profundamente con aquellos otros lugares donde la carne de este ser es aborrecida hasta el asco más absoluto, y aunque en estos instantes sí conocemos positivamente por qué este animal es adorado, desconocemos por momentos la respuesta a otra pregunta quizá más enigmática por lo que representa para el mundo musulmán, judío y cristiano.
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