La locura de Calígula
En la gran época del Imperio Romano si hubo un emperador que pasó a la Historia por su locura, ese fue Calígula.
Nacido como Cayo César Augusto Germánico, pero conocido como Calígula, fue nieto adoptivo de Tibero e hijo del adorado Julio César Germánico. Pero si de mayor fue vilipendiado y odiado por todos, de pequeño, Calígula era un chico guapo, esbelto, gentil y bondadoso. Fue el 16 de marzo del año 37 cuando subió al trono romano tras la extraña muerte del emperador Tiberio, quien lo había nombrado heredero. Sin embargo, Calígula cayó enfermo al poco tiempo de ser nombrado emperador con unas altas fiebres que lo postraron en cama.

Al parecer fueron aquellas fiebres las que alteraron su carácter, pues desde su recuperación ya jamás volvió a ser el mismo. Al poco tiempo comenzó a tener actitudes extrañas que empezaban a dejar ver su locura. Emepzó entonces su relación amorosa con su propia hermana, Julia Drusila, con quien cometió todo tipo de excesos con el apoyo de la propia Drusila. Las ejecuciones sin sentido ni justicia se hicieron frecuentes en el Imperio, e incluso los propios miembros de la aristocracia romana se vieron envueltos en continuas humillaciones.
No contento con eso, también el poder militar hubo de sufrir sus rarezas hasta tal punto que durante una batalla en las Galias tuvo a la totalidad de sus guarniciones recogiendo moluscos en las costas.
Con la muerte inesperada de su hermana y amante, su locura aumentó. Mandó construir un altar para Drusila y hacia él levantó un puente para su uso exclusivo que además llegaba hasta el templo de Júpiter.
En el paroxismo de su locura, además, nombró cónsul romano a su propio caballo.
Eran ya demasiados los excesos del emperador que había abandonado totalmente el gobierno del Imperio, por lo que pronto comenzaron las conjuras para quitarlo del poder. El 24 de enero del año 41, con sólo 29 años, y tras 4 años gobernando Roma, Calígula fue asesinado por Casio Quereas tal y como deseaba el pueblo romano.
Curiosamente, el tribuno Quereas fue mandado ejecutar por el sucesor de Calígula, Claudio, a pesar de, supuestamente, haber tomado parte en la conjura, quizás como método de demostrar al Imperio que no estaba dispuesto a que esas conjuras sucedieran contra él mismo.
A pesar de que su locura fue por enfermedad, lo cierto es que Calígula fue literalmente borrado de la lista de emperadores y su nombre desapareció de todos los legados romanos, hasta que siglos más tarde un célebre escritor recuperara su nombre como símbolo de lo absurdo.
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