La sociedad estamental de la Europa del Antiguo Régimen

La sociedad del Antiguo Régimen estaba dividida, según el derecho tradicional, en tres órdenes o estamentos: el clero, que se ocupaba de rezar y asegurar la protección divina; la nobleza, que combatía y protegía a la colectividad de sus adversarios, y el estado llano, que comprendía grupos tan diversos como el campesinado, la burguesía y […]

La sociedad del Antiguo Régimen estaba dividida, según el derecho tradicional, en tres órdenes o estamentos: el clero, que se ocupaba de rezar y asegurar la protección divina; la nobleza, que combatía y protegía a la colectividad de sus adversarios, y el estado llano, que comprendía grupos tan diversos como el campesinado, la burguesía y las clases populares de las ciudades y cuya función social era producir todos los bienes materiales que la sociedad necesitaba.

La característica principal de la sociedad estamental era su desigualdad civil. Esta desigualdad comportaba la división en dos grupos bien diferenciados: los privilegiados (nobleza y clero), que gozaban de derechos y privilegios y estaban exentos de impuestos, y los no privilegiados (el tercer estado o estamento), que no tenían privilegios y debían soportar todas las cargas fiscales.

Una población estancada

La demografía del Antiguo Régimen responde a lo que los estudiosos han calificado como ciclo demográfico antiguo. Ese régimen demográfico se caracterizaba por unas tasas de mortalidad y natalidad muy elevadas, por la baja esperanza de vida de las personas y por el escaso crecimiento de la población.

La subalimentación, la falta de higiene y el atraso de la medicina provocaban una mortalidad muy elevada (entre un 30 y un 40%). Esta mortalidad tenía efectos particularmente negativos, entre los niños menores de un año. Se calcula que  mortalidad infantil se situaba entre el 20 y el 30% de los niños que nacían vivos. Es más, un expresión de P. Goubert, se necesitaban dos nacimientos para conseguir un adulto, porque la mitad de los niños moría antes de cumplir los 150 años. Como consecuencia, la esperanza de vida era muy baja (aproximadamente 28 años) y la media de edad de los adultos se aproximaba a los 45 años. También la natalidad era muy alta. Esta tasa se situaba entre el 35 y el 40% y se calcula que cada mujer tenía una media de 5 hijos aunque, en los años de carestía, el número de nacimientos disminuía de forma considerable.

Los privilegiados

El clero era el primero de los grupos privilegiados y representaba una parte muy pequeña de la población )menos del 1%). No tenía que pagar ninguno de los impuestos directos y sis ingresos provenían del diezmo y de su propio patrimonio. Poseía muchas propiedades urbanas y rurales, y así gozaba tanto de los frutos de las cosechas como de los alquileres de sus fincas. Además, los obispos y abades era señores de muchos pueblos y territorios, de los que cobraban todas las rentas señoriales.

A pesar de su aparente unidad el clero no era un grupo homogéneo sino que se podía distinguir entre el alto y el bajo clero. El primero estaba compuesto por abades, obispos, canónigos y altos cargos, personas que se provenía exclusivamente de las clases nobiliarias y vivían en el lujo característico de la nobleza, gozando de todos sus privilegios.

Contrariamente, el segundo grupo (sacerdotes, párrocos y monjes) eran sobre todo gentes de origen campesino y tenían una vida modesta sin lujos ni privilegios.

La nobleza era el segundo estamento privilegiado y el núcleo fundamental de la clase dominante. Sus efectivos eran escasos y constituían entre el 2 y 3% de la población. La base de su riqueza era la propiedad territorial y en conjunto poseía entre el 30 y el 40% de las tierras (en España). Gozaba, asimismo, de una serie de concesiones honoríficas (el derecho a llevar espada, el banco reservado en la Iglesia, el monopolio de acceso a altos cargos…), económicas (derecho de caza, exención de trabajar en las obras públicas…) y fiscales (dispensa de pagar impuestos y derecho a cobrarlos). Ahora bien, tampoco era un grupo homogéneo y existían enormes diferencias entre la riza y poderosa nobleza de la Corte y la nobleza de provincias.

Los no provilegiados

El tercer estamento estaba representado por la inmensa mayoría de la población (entre un 90 y 95%) y agrupaba sectores sociales muy diferentes, tanto por su condición económica como social. A pesar de esa diversidad, al final del Antiguo Régimen (siglo XVIII) los unía un interés común: su oposición a los privilegios sociales y al mantenimiento del régimen feudal, así como la reivindicación de la igualdad civil.

En esencia, se puede distinguir tres grandes grupos entre los no privilegiados: la burguesía, las clases populares urbanas y los campesinos. La burguesía constituía la clase predominante dentro del tercer estado, y era el grupo económico más dinámico de toda la sociedad, ya que, en los últimos siglos, su riqueza había aumentado notoriamente.

Dentro del conjunto de la burguesía se podía diferenciar entre la burguesía rentista, que vivía de las rentas de sus propiedades o capitales, la financiera (banqueros y cobradores de impuestos); la manufacturera o industrial y, finalmente, la pequeña burguesía, que comprendía artesanos, pequeños comerciantes y profesionales liberales.

Las clases populares urbanas agrupaban una multitud de trabajadores manuales de las ciudades, a quienes los burgueses denominaban desdeñosamente con el término de «pueblo bajo». Englobaba tanto a los artesanos (oficiales y aprendices) como a los obreros de las manufacturas, al personal doméstico y a todos los pequeños oficios de las ciudades. Durante el siglo XVIII sus condiciones de vida habían empeorado como consecuencia del aumento de la población urbana y de la subida de los precios.

El campesinado era el grupo más numeroso de la población del Antiguo Régimen. Así, por ejemplo, de los 23 a 25 millones de habitantes que debía de tener Francia en 1789, 20 millones era campesinos. La condición de esta población era muy variada, en función de la situación jurídica de las personas y del reparto de la propiedad, lo que nos lleva en primer lugar a distinguir entre siervos y campesinos libres.

Los campesinos libres podía ser arrendatarios o propietarios de tierras. Sin embargo, la mayoría de ellos no disponía de propiedades y sus condiciones de vida eran muy duras, porque la subida de los precios del siglo XVIII les dificultaba todavía más subsistencia. Por otro lado, sobre ellos recaía la mayoría de los impuestos: reales, eclesiásticos, señoriales…Ante esta situación, la abolición de las estructuras feudales era una reivindicación unánime del campesinado del Antiguo Régimen.

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