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Los Tudors (II): Enrique VIII

En la imagen popular, Enrique VIII es reconocido por ser “el rey que se casó seis veces”. Sin duda alguna, no es un dato menor, y resulta muy sorprendente la cantidad de reinas que desfilaron por la corte inglesa entre 1509 y 1553. La importancia de un heredero varón para la casa de los Tudors era vital en un país que poco a poco se recuperaba del desorden político provocado por las recientes luchas dinásticas.

Enrique VIIISus dos primeros matrimonios fueron, sin duda, los más controversiales. Enrique se casó por primera vez con la esposa de su hermano difunto: Catalina de Aragón. Los padres de la española eran ni más ni menos que los Reyes Católicos, lo que significaba una excelente alianza política para la incipiente Inglaterra. Pero el matrimonio, incapaz de concebir un heredero varón, no tardó en desmoronarse.

Sin miramientos, Enrique VIII buscó anular su matrimonio con Catalina contando con el aval del Sumo Pontífice, para así casarse con una de las doncellas de la reina e hija de una poderosa familia cortesana: Ana Bolena. Pero el divorcio le fue negado por la Iglesia, dando lugar a un cisma religioso que perdura hasta nuestros días. Las ideas protestantes de Lutero viajaban rápidamente y ya habían sentado su base en la sociedad inglesa cuando Enrique VIII se proclamó jefe de la iglesia inglesa, provocando la separación con Roma y creando lo que luego se llamaría la Iglesia Anglicana, de inspiración protestante. De esta manera, el permiso papal para su divorcio ya no era en absoluto necesario.

En 1533, Enrique VIII anuló su matrimonio con Catalina, declaró bastarda a la hija que tuvo con ella, Maria, y se casó con Ana Bolena. Durante los tres años que duró su segundo matrimonio, la Reforma Anglicana avanzó abruptamente. Los católicos debieron jurar obediencia religiosa a Enrique VIII, que mantenía las costumbres romanas, pero negar la autoridad papal. Aquellos que se abstuvieron fueron condenados a muerte, tal fue el caso de Tomas Moro, amigo del propio rey y reconocido por su obra maestra “Utopía”.

Sin embargo, esta situación no se prolongaría. Ana Bolena tuvo una hija, Elizabeth, pero ningún varón. Las intrigas palaciegas aumentaban, y crecía la presión del emperador español y alemán, Carlos I, para que Inglaterra se someta a Roma. Ana Bolena, símbolo de la reforma, repentinamente fue acusada de traición, incesto y adulterio. En 1536, tras días de prisión, fue ejecutada en la Torre de Londres junto con su hermano, sin que jamás se comprobaran sus delitos.

Enrique VIII se casaría otras cuatro veces, sin embargo, ninguna de sus esposas tuvo la suerte de concebir un hijo varón, a excepción de Jane Seymore, su tercera reina, que dio a luz a un niño de delicada salud, que sería nombrado rey Eduardo VI siendo un infante, y moriría tras seis años en el trono.

Lo que se esconde más allá de las innumerables maquinaciones cortesanas es una época de profundas transformaciones, un momento en el cuál las naciones de Europa comenzaron a organizarse como tales frente a lo que era el indiscutible dominio eclesiástico, alojando los primeros movimientos humanistas del Renacimiento.

La Reforma Anglicana fue el mayor exponente inglés de los nuevos tiempos, el Estado desplazó al Vaticano en todos los asuntos religiosos, desde el nombramiento de obispos hasta la secularización de las tierras clericales. Sin embargo, durante el gobierno de Enrique VIII la Reforma Anglicana tomó giros abruptos y avanzó sin un camino preciso. Al morir el rey en 1547, tanto católicos como protestantes se manifestaban inconformes ante las nuevas medidas. Serían sus tres hijos, Eduardo, María, y finalmente Elizabeth, los que definirían decisivamente el curso de la historia.

Fuentes:

  • Venard, M.: Los Comienzos del Mundo Moderno, El Mundo y su Historia, Editorial Argos, Barcelona, 1970.
  • Bray, G.: La Reforma Eclesiástica Tudor, Boydell Press, 2000.