Aristarco de Samos, y los planetas errantes
La Tierra es redonda y gira alrededor del Sol, rotando sobre su eje cada 24 horas.
Cuando Copérnico sugirió esta idea en las primeras décadas del 1500 d. C. despertó tanta controversia que hasta el mismo Papa intervino en el asunto. El concepto de una Tierra
desplazándose era prácticamente absurda desde el sentido común, ¿cómo era posible que tamaño movimiento no pudiera percibirse? Peor aún, contradecía el sistema cosmogónico tradicionalmente aceptado por la Iglesia Católica, donde la Tierra y los hombres eran el centro de la Creación.
Sin embargo, el modelo copernicano, al que tanta originalidad se le ha adjudicado durante siglos, no era en absoluto una idea nueva.
1800 años antes que Copérnico, un astrónomo griego proponía el mismo sistema heliocéntrico. El visionario era Aristarco de Samos (-310 a -230 a. C., aprox.), y sostuvo que La Tierra, al igual que Marte, Venus y Júpiter, eran objetos “errantes”,
o en griego, “planetai”. Planetas errantes, trasladándose alrededor del Sol, y en contínua rotación diaria. Las estrellas fijas que se observaban todas las noches en el firmamento, existían en realidad a una infinita distancia de La Tierra.
Estas ideas, que hoy damos por hecho, fueron sin embargo rápidamente rechazadas durante la Antigüedad griega. Al igual que Copérnico, la teoría de Aristarco chocaba con viejos paradigmas cosmológicos, en este caso, con el modelo geocéntrico propuesto por la importante figura de Aristóteles, que más tarde sentaría las bases para el sistema de Ptolomeo. La imposibilidad matemática, astronómica y física de demostrar el modelo heliocéntrico hizo que este se perdiera en el tiempo, aguardando el momento adecuado para ser universalmente aceptado y científicamente comprobado por Galileo Galilei, Kepler, y Newton, entre otros.
Fuentes:
- Koestler, A, Los Sonámbulos, Barcelona, Salvat, 1986.
- Kuhn, T, La Revolución Copernicana, Madrid, Hyspamérica, 1978.
- Levinas, M., Las Imágenes del Universo: una historia de las ideas del cosmos, Buenos Aires, FCE, 1999.
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