Escrito por Tendenzias

LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES EN PORTUGAL O LA ÚLTIMA REVOLUCIÓN ROMÁNTICA

Si estás interesado en conocer más acerca de la Revolucion de los Claveles,  te presentamos una colaboración especial, su autor es Carlos Gil Fernández, apasionado de la historia y especializado en Historia Militar por la UNED. Esperamos que lo disfrutéis, gracias por tu aportación, Carlos.

¿Por qué se produjo la Revolución de los Claveles?

¿Cuáles fueron los objetivos reales que llevaron a los militares a portugueses a sublevarse el 25 de abril de 1974? ¿El objetivo último era instaurar un régimen democrático o era simplemente derribar a la dictadura para acabar con las guerras coloniales?

REVOLUCION-CLAVELES

INTRODUCCIÓN

Contexto Histórico:

En 1974 Portugal cuenta con la Dictadura más antigua de Europa. Una vez derrocada la Monarquía y para tratar de arreglar el caos económico en el que vivía el país, en el año 1928, la Junta Militar nombra Ministro de Finanzas al profesor Antonio de Oliveira Salazar. En pocos años, éste se hace con el poder absoluto y crea, a principios de los años 30 el llamado Estado Novo, que será una especie de estado semi fascista que iría integrando distintos elementos de la Italia de Mussolini y la España franquista, aunque con una idiosincrasia propia.

Así,  el Estado Novo no se apoya en ningún partido ni movimiento de masas, como en los dos países anteriormente mencionados, sino que se trataba más bien de una estructura corporativista y nacionalista aderezado con fuertes dosis de religiosidad (no en vano, Salazar había sido seminarista en su juventud). El último sustento del régimen eran las Fuerzas Armadas.

Este Estado también crea unos sistemas de fuerte control de la sociedad, entre los que sobresale la PIDE (Policía Internacional de Defensa del Estado, es decir la policía secreta), que se convierte en el máximo órgano represor del régimen y que cuenta, en un primer momento, con la ayuda de instructores provenientes de la Gestapo alemana.

A pesar de sus simpatías por el Eje, Portugal consigue mantener una posición mucho más  neutral que la de su vecina España durante la Segunda Guerra Mundial, lo que unido a su tradicional amistad con el Reino Unido, hizo que en la posguerra, Portugal gozara de una cómoda posición internacional, hasta el punto que fuera invitada a ingresar en la OTAN en 1949.

En 1968, y debido a un accidente doméstico, Salazar se ve obligado a dejar el poder, siendo el profesor Marcelo Caetano su sucesor al frente del gobierno. Caetano, a pesar de hacer concebir algunas esperanzas de apertura del régimen, traza muy pronto una línea continuista con el anterior dictador, por lo que las acciones no son más que un mero maquillaje institucional que no pasa más que por el cambio de denominación de algunas de las instituciones del Estado (la PIDE pasará a llamarse Dirección General de Seguridad, DGS, por ejemplo) y las colonias pasan a ser Provincias de Ultramar.

Es por ello, por lo que el descontento popular a todos los niveles alcanza su punto álgido en la década de los años 70 del pasado siglo. Ello es importante para comprender la facilidad con la que la Dictadura se desmorona el 25 de abril de 1974.

Contexto económico y social

En el año 1974, Portugal contaba con una población de más de ocho millones y medio de habitantes. Hasta los años 60, la economía portuguesa se encontraba prácticamente estancada, ya que el país vivía en un régimen económico autárquico. Es en 1960, con la entrada en la EFTA, cuando comienza un cierto despegue económico con la apertura comercial hacia Europa .

Sin embargo, las buenas perspectivas económicas se vieron pronto truncadas por el inicio de la actividad bélica en las colonias de África, empezando con la sublevación de Angola y siguiendo con guerras totalmente abiertas en Mozambique y Guinea Bissau.

De esta forma, y para mantener el esfuerzo bélico que suponía una guerra en tres frentes, el Estado portugués llega a gastar en defensa la mitad de su Producto Interior Bruto en el año 1973. España, en ese mismo año, sólo invierte en Defensa el 2,35 % de su PIB.

El país no se podía permitir este ingente gasto militar, pero el Gobierno de Caetano parece no ser consciente de ello y coloca al país al borde del colapso económico, con una tasa de inflación del 20 %, una renta per cápita de 717 $ (la mitad que la de España) y el peor nivel de vida de Europa Occidental: como ejemplo baste decir, que en Portugal en 1974 había un teléfono cada 12´4 habitantes, mientras que en España lo había cada 4´4.

Todo ello, unido a la fuerte represión ejercida por la PIDE, hace que la sociedad portuguesa esté cada día más alejada del régimen, el cual cuenta cada vez con menos apoyos, incluidas las Fuerzas Armadas, que como veremos a continuación, y a pesar de la creencia generalizada, también se van convirtiendo poco a poco en enemigas del régimen.

El mantenimiento del Imperio

En realidad, el mayor problema al que se enfrentaba el país era la absurda política de la Dictadura acerca del mantenimiento a toda costa de sus colonias africanas.

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A partir de los años 50 del pasado siglo, en toda África y Asia se vive una ola de descolonizaciones. Las antiguas metrópolis europeas, con más o menos ganas, comienzan a admitir procesos de emancipación de sus territorios. Algunas veces, estos procesos van precedidos de guerras más o menos disimuladas (como ocurrió en Indochina o Argelia), y en otras ocasiones, la independencia se consigue sin violencia, como ocurrió con la Guinea Española.

Sin embargo, tanto los gobiernos de Salazar como el de su continuador Marcelo Caetano viven al margen de esta corriente. Esta política provocará, o por lo menos acelerará, el fin de la dictadura.

La primera crisis colonial que vive el país se produjo en la llamada India Portuguesa, que comprendía varios pequeños enclaves siendo el mayor el de Goa. En 1961, India los invade con un ejército de 45.000 hombres. Las fuerzas portuguesas en dichos enclaves no llegan a los cinco mil soldados, por lo que dada la gran superioridad enemiga, se rinden en pocas horas. El Gobierno salazarista, que había pedido a sus hombres que luchasen hasta la muerte, se indigna y menosprecia a los militares que, según su opinión, no han sabido defenderse. Incluso el comandante en jefe de las fuerzas coloniales y varios altos oficiales son expulsados del ejército.

Este será el primer desencuentro entre el Ejército y el Gobierno. En los años siguientes, como veremos a continuación, las relaciones se irán enrareciendo cada vez más.

La Dictadura considera que los llamados territorios de ultramar (Angola, Guinea-Bisau y Mozambique) forman parte integrante del país y son tan portugueses como Madeira o Cascais, y además eran una prueba más de la grandeza del país. Por otra parte, en estas tres colonias africanas viven más de un millón de colonos portugueses.

Es a partir de 1961 cuando la guerra aparece en estos territorios, en los que se forman grupos guerrilleros de influencia comunista (MPLA en Angola o FRELIMO en Mozambique). El Estado portugués se moviliza y refuerza su ejército en la zona, elevándolo a más de 150.000 efectivos. Estamos en plena Guerra Fría, y Estados Unidos apoyará militarmente a Portugal.

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Durante más de 10 años, una salvaje guerra de guerrillas se va a desarrollar en las selvas africanas de las tres colonias antes mencionadas. Además del trauma social y el coste económico que supone, más de 8.000 portugueses morirían por salvar las Provincias de Ultramar, y cerca de 15.000 sufrirían mutilaciones y heridas graves.

Las cifras son elocuentes: más de un millón de portugueses servirían en el ejército de ultramar (de una población de ocho y medio), y más de 100.000 jóvenes huyeron del país para evitar ir al “Vietnam portugués”. Por ello, no es de extrañar el gran trauma que estas guerras supusieron para la sociedad portuguesa, y así se ha plasmado en la reciente literatura de este país: baste recordar varias novelas de Antonio Lobo Antunes, que participó durante más de dos años como oficial médico en la guerra de Angola, o de algunos ex colonos retornados a la metrópoli, como la novelista Dulce María Carnoso.

Además, las guerras coloniales tuvieron otras repercusiones de gran trascendencia que harían que el ejército, otrora principal sostén del régimen se fuese alejando paulatinamente de la dictadura.

En primer lugar, debido sobre todo a la duración y extrema dureza de las guerras coloniales (y en menor medida por las bajas condiciones laborales), se produce un profundo cambio en el origen social de los aspirantes a cadetes de las academias militares, que pasan de ser los hijos de la aristocracia de Lisboa y Oporto a provenir de la clase media baja o de suboficiales.

Según estudios de la socióloga María Carrillo, citada por Diego Carcedo en su libro sobre la Revolución, en los años 40 del siglo XX, más del 40 % de los cadetes eran hijos de altos oficiales y sólo un 3,4 % lo eran de empleados administrativos medios. En cambio,  en los 70, sólo el 10 % de los aspirantes eran hijos de oficiales. Es también muy significativo el hecho de que en 1974 sólo se consiguió cubrir el 14 % de las vacantes en las academias militares.

Este cambio en el extracto social de los ofíciales (los futuros capitanes de abril), hace que sean mucho más permeables a las ideas de izquierda, e incluso a las de extrema izquierda, sobre todo los que están destinados en ultramar. Estos oficiales se sentirán atraídos por las ideas marxistas de sus enemigos del FRELIMO en Mozambique o del PAIGC en Guinea-Bissau, tal es el caso del entonces Capitán Otelo Saraiva de Carvalho, verdadero estratega del Golpe y veterano de la guerra de Mozambique, que siempre defendió ideas políticas cercanas a la extrema izquierda.

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Serán los tenientes, capitanes y mayores los que van a llevar el peso de la guerra de guerrillas en África, que dadas sus características serán librada fundamentalmente a nivel de Compañía, mandada por un capitán lo que  según Josep Sánchez “les permitió probar su capacidad de liderazgo social”.

La sinrazón de estas contiendas en suelo africano y las frecuentes matanzas y crímenes que se perpetran por ambas partes (por ejemplo las de Wirimayu, denunciadas por misioneros españoles en las que un grupo de paracaidistas ametralló y quemó vivos a 400 civiles en Mozambique), provocan que el ejército esté cada vez más desmoralizado. Se extiende en sus filas la creencia de que esta guerra no se puede ganar y que la única solución posible es la política y no la militar.

También se manifiestan en este sentido algunos altos cargos militares, como el General Spínola, antiguo gobernador de Guinea-Bissau, que en su libro Portugal y el futuro, recomienda una solución negociada al conflicto de las colonias. El libro produce un gran escándalo en Portugal y el Gobierno de Caetano destituye tanto a Spínola como a su superior Costa Gomes. Ambos encabezarán el golpe de estado que se avecina.

En palabras de Arnold Toynbee, Portugal se convertirá en la primera y la última potencia colonial en África.

NARRACIÓN DE LOS HECHOS

Antecedentes

Paradójicamente, el origen de la revolución portuguesa no hay que buscarlo ni en las guerras coloniales ni en la represión de la Dictadura, sino en un conflicto laboral de los oficiales de carrera del ejército.

En julio de 1973, el Gobierno publicó un Decreto-ley en el que se equiparaban los oficiales provenientes de las Milicias Universitarias, si se reenganchaban, con los provenientes de la Academia Militar. El fin último de esta medida no era otro que el de suplir la falta de oficiales en el ejército. El Gobierno pretendía sustituir cuatro años de academia militar por un curso acelerado de dos semestres, por lo que la indignación de los militares profesionales fue máxima (sobre todo de la escala inferior de oficiales, tenientes y capitanes).

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El acto inicial de lo que después sería llamado el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) se da con una carta colectiva dirigida al Gobierno y firmada por 40 mayores recién ascendidos.

Obviamente, este problema de índole profesional era sólo la punta del iceberg del tremendo malestar que se había ido gestando en el interior de las Fuerzas Armadas, y sobre todo en el ejército de Tierra destinado en las colonias. Malestar dirigido sobre todo hacia el Gobierno y su incapacidad de encontrar una salida a la guerra. Por ello, no es de extrañar que los actos de resistencia a este Decreto-Ley siguiesen con otro documento firmado por 51 capitanes destinados en Guinea-Bissau, ya que como dice Josep Cervelló en su libro sobre la revolución, “la relación entre cansancio por la guerra y conspiración es clara … y serán más potentes en relación proporcional a la dureza de la guerra existente en cada colonia”, empezando por Guinea-Bissau, y siguiendo, en orden decreciente, por Mozambique y Angola.

Estos capitanes, al tiempo que crean una Comisión Coordinadora, también optan por firmar su baja voluntaria en el ejército, pero deciden que la entregarán cuando estimen oportuno.

La primera reunión de la Comisión se produce el 9 de septiembre de 1973 en la localidad de Evora, en el Alentejo y a la misma acuden cerca de 100 capitanes y 40 tenientes. En esta reunión, se redactaron nuevos documentos de protesta en contra de los decretos del gobierno. Estos documentos son firmados posteriormente por la gran mayoría de capitanes y tenientes del ejército.

Dado el cariz que estaban teniendo los acontecimientos, el Gobierno decide cambiar la legislación y  promover los ascensos de los oficiales de artillería e infantería, los más castigados por la guerra, así como diferentes incrementos salariales.

Sin embargo, aunque algunas de estas medidas consiguieron aplacar algo los ánimos de la oficialidad, la mayoría de los miembros del ejército creía que la única solución para solucionar los problemas era un Golpe de Estado que democratizase el país. Ya se ha pasado de una mera protesta laboral a la creencia de la necesidad de un cambio profundo en Portugal y que ese cambio sólo puede ser realizado por las Fuerzas Armadas.

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En la siguiente reunión mantenida en diciembre de 1973, los capitanes deciden involucrar también a algunos altos oficiales, como los generales Costa Gomes, Spínola y Kaulza de Arriaga (éste último, al mando del Regimiento Paracaidista y vinculado a la extrema derecha).

Pocas semanas más tarde, en febrero de 1974, el general Spínola decide publicar su libro Portugal y el futuro, en el que exponía su idea de que la solución de la guerra no era militar, sino política, por lo que sería necesario negociar con el enemigo, para encontrar una salida al conflicto. El libro bate todos los records de ventas y supone un impacto de enorme magnitud en la opinión pública, no por lo que dice, sino por la persona que lo dice. El movimiento de los capitanes se ve enormemente reforzado por este apoyo indirecto de la principal figura militar del país a muchas de sus tesis. Caetano decide destituir tanto al general Spínola por la publicación del libro y a Costa Gomes, su superior jerárquico, por permitir su publicación.

Marcelo Caetano y su gobierno se ven incapaces de dominar la situación. A través de los informes de la policía secreta (PIDE) saben que algo muy importante se está gestando en el interior de las Fuerzas Armadas, pero no saben cómo pararlo.

A principios de marzo asistimos a una tercera reunión del Movimiento, esta vez en Cascais, a la que asisten unos 200 oficiales de Tierra, Aire y Armada. En esta reunión se redactó y aprobó el documento titulado El Movimiento, las Fuerzas Armadas y la Nación, redactado por el entonces capitán Melo Antunes y que vendría a ser el programa político del movimiento. Asimismo, en la reunión de Cascais se nombra a los jefes militares del futuro golpe de estado: Spínola y Costa Gomes (apodado “el corcho”, por su capacidad de seguir a flote en las más adversas condiciones).

A pesar de la aparente unidad del MFA, las divisiones internas entre las distintas facciones implicadas cada vez son más amplias (spinolistas, autónomos, izquierda moderada, comunistas…). Tanto el futuro gobierno del país, una vez derribada la Dictadura, como la forma de resolver la guerra de ultramar eran las principales diferencias de opinión de estos grupos.

El 16 de marzo fracasa un intento de golpe de estado dirigido exclusivamente por el sector spinolista.

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Aparte de la reacción de las fuerzas pro-gubernamentales, reacción que podía producir derramamiento de sangre e incluso una guerra civil, había otras dos grandes preocupaciones de los dirigentes golpistas: la reacción de los aliados de la OTAN y la reacción de España.

En cuanto al primer problema, la reacción de parte del ejército en defensa del régimen, los miembros del MFA eran bastante optimistas y suponían que si actuaban de forma rápida y por sorpresa, podrían evitar enfrentamientos armados y tener a la mayor parte del ejército a su favor o, por lo menos inactivo. Incluso, es de resaltar una cierta connivencia de algunos sectores gubernamentales con los futuros sublevados. Muchos de sus planes se conocían de antemano, pero ni la PIDE ni el Gobierno hicieron nada para evitar la sublevación. Es casi como decir que la Dictadura se dejó morir, superada totalmente por los acontecimientos y sin capacidad de reacción. Es muy significativo el comentario de Caetano a su íntimo amigo el ministro español López Rodó al comunicarle en marzo de 1974 que se hallaba en un callejón sin salida y que la caída del régimen era sólo cuestión de tiempo

Los otros dos problemas eran de más difícil concreción: por un lado la reacción de los demás países de la OTAN y en especial la de Estados Unidos. En el fondo, y por lo que se sabe ahora, el Golpe de Estado en Portugal era ya a principios de Abril un “secreto a voces” y las principales potencias occidentales desplazaron a importantes miembros de sus servicios de información a Lisboa con el fin de seguir de cerca los acontecimientos. Se confiaba que la transición a la democracia iba a ser suave y que la facción moderada de las Fuerzas Armadas alcanzaría el poder.

Por otro lado, la reacción de España también debía ser tenida en cuenta, ya que los dos países habían suscrito en 1942 el llamado Pacto Ibérico,  que incluía asistencia militar entre ambos países. Si el gobierno de Caetano lo solicitaba, España podría intervenir militarmente y abortar el Golpe de Estado.

En este punto, es muy interesante lo aportado por Diego Carcedo en el sentido de que España conocía de antemano la fecha del Golpe y habían transmitido al General Spínola, a través del sobrino del General Franco que España no intervendría (Diego Carcedo, pag. 195 y ss.). Es más, se especula que Franco, ante las presiones de Estados Unidos para que alertase al ejército español para una posible intervención militar en Portugal, contestó que era un asunto interno portugués y aseguró a Kissinger que la Revolución de los Claveles no degeneraría en un régimen comunista.

Desarrollo del Golpe

La Revolución de los Claveles no fue una revolución propiamente dicha, sino un verdadero Golpe de Estado.

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Según del Diccionario de la Real Academia (DRAE), se define golpe de estado como la usurpación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes.    

En cambio, según también el DRAE, la acepción más común de Revolución es un levantamiento o sublevación popular. Esto no se dio el 25 de abril, sino que una vez el ejército se había hecho o estaba a punto de hacerse con el poder, las masas populares salieron a la calle. Pero estas masas en ningún modo fueron el motor del cambio, sino que en un momento dado ayudaron a que éste se produjera más rápido.

Según el profesor Luttwak, experto en golpes militares, ni siquiera es necesario que todo el ejército se rebele, sino que es suficiente con que lo haga una parte del mismo, que no tiene por qué ser la mayoritaria.

Esto es lo que pasó en Portugal el 25 de abril de 1974 y fue un Golpe de Estado de manual. Parecía como si los golpistas hubiesen leído el libro de Luttwak y hubiesen seguido sus consejos paso a paso. El gran estratega del Golpe fue Otelo Saraiva de Carvalho, capitán veterano de las guerras de Angola y Mozambique y miembro de la Inteligencia Militar del ejército, se encarga de diseñar el detalle de las operaciones del 25 de abril: el quién, cuándo y cómo para acceder al poder. Además, será el que dirija y coordine todas las operaciones el 25 de abril desde el cuartel de Pontinha.

También fue Saraiva de Carvalho al que se le ocurrió la idea de utilizar emisión por radio de la canción Grandola, Vila Morena, de Zeca Afonso, como señal de inicio de la segunda fase del golpe. Esta canción se convirtió en el himno de la revolución.

Las distintas fases del plan de operaciones ideado por Carvalho se irán desarrollando con gran precisión durante toda la jornada del día 25 de abril. Dicho plan incluía tres fases escalonadas: primero, toma de mando de las distintas unidades en los cuarteles; segundo, ocupación de las emisoras de radio y televisión y del aeropuerto; y tercero, ocupación de los centros de decisión militar que puedan permanecer leales al Gobierno. Cada uno de los puntos estratégicos tenía un nombre en clave: Mónaco era la Televisión pública y Canadá era el Cuartel General de la Región de Lisboa, por citar sólo algunos ejemplos.

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Uno tras otro van cayendo en manos de los golpistas los distintos objetivos. El Gobierno no responde, el silencio de las supuestas fuerzas leales es total. Sólo hay una cierta resistencia en el cuartel de la PIDE/DGS, desde la que alguien dispara a la multitud que se había congregado en la puerta, originando cuatro muertos (los únicos disparos del día).

Otro intento de resistencia de la Dictadura fue el protagonizado por el General  Junqueiro Dos Reis, quien al frente de una columna de blindados intentó apoderarse de la plaza Do Carmo (sede de varios ministerios) y a la sazón ocupada por las tropas al mando del capitán Salgueiro Maia. Incluso se dio la circunstancia de que el General conminó a sus soldados a disparar contra el desarmado capitán, a lo que éstos se negaron, pasándose inmediatamente al bando de los sublevados.

Durante el mismo día 25 de abril, el Presidente del Gobierno, Marcelo Caetano cede el poder al General Spínola, el cual definitivamente se pone al frente de los golpistas. El propio capitán Maia escolta a Caetano al aeropuerto donde le espera un avión que le conducirá al exilio a Brasil.

Mientras, en las calles de todo el país, la multitud, hermanada con los militares, celebra la caída sin prácticamente oponer resistencia de la dictadura más antigua de Europa. Lo que ha ocurrido es algo así como si el régimen, cansado ya de seguir viviendo, se dejase morir plácidamente.

Después del 25 de abril

Como acertadamente comentó el desaparecido Manu Leguineche en su libro La Revolución Rota, los capitanes sabían lo que querían, derribar la Dictadura, pero luego no se pusieron de acuerdo en cómo sustituirla.

En efecto, el Golpe de Estado del 25 de abril de 1974 abrió un periodo muy complicado en el país. Primero encontramos el Gobierno presidido por el General Spínola. Sin embargo, éste cae en septiembre del mismo año ante su incapacidad de solucionar el problema colonial.

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A continuación, son los oficiales jóvenes del MFA los que acceden al gobierno, con el gran objetivo de solucionar para siempre el problema colonial concediendo la independencia a las principales colonias africanas. Más tarde, nos encontramos ante un giro más hacia la izquierda ya en el año 1975, con gran protagonismo del partido Comunista.

Finalmente, la situación comienza a estabilizarse en 1976 con la aprobación de la primera Constitución democrática en 50 años.

CONCLUSIONES

Como he mencionado al principio de este estudio, mi propuesta de trabajo es conocer los motivos reales que llevaron a los capitanes a dar el golpe de estado en Portugal el 25 de abril de 1974.

Inicialmente mi primera hipótesis era si los militares portugueses querían en verdad derrocar a la Dictadura e instaurar un régimen democrático en el país o, por el contrario, lo que querían era sólo forzar al Gobierno a resolver definitivamente el problema colonial africano.

Los datos que pueden conducir a aceptar esta hipótesis son muchos, ya que fueron los oficiales destinados en las colonias los que con mayor energía apoyaron al MFA. Además, como he mencionado con anterioridad, recogiendo la opinión de Josep Sáchez Cervelló, mayor era este apoyo cuanto más dura era la guerra que se libraba en la colonia.

Además, hacer paralelismos con el Régimen español de la época es inevitable, y también es inevitable hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué Franco murió detentando todavía el poder y su vecino del oeste sucumbió en 1974, cuando ambos eran regímenes bastante parecidos?

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La respuesta es evidente a mi modo de ver: la dictadura franquista no estuvo “lastrada” por unas largas guerras coloniales que además de impedir un normal desarrollo económico del país, también supusieron un trauma en todos los aspectos de la vida civil y política.  Se podrían añadir otras consideraciones, como por ejemplo la diferente gestión económica del país por sus respectivos gobiernos, pero la razón principal, en mi opinión estriba en la a todas luces absurda política de mantenimiento a ultranza de un imperio ya muerto en todos los aspectos y pasado de moda.

En este sentido, el régimen franquista supo jugar mejor sus cartas, y durante los años 50 y 60 concedió la independencia a las pocas colonias que le quedaban en África (Marruecos, Ifni y Guinea Ecuatorial), y estaba en vías de concedérsela al Sahara Occidental a la muerte del general en 1975.

Sin embargo, y una vez he ido investigando sobre el tema, no había una única razón que movía a los militares golpistas, sino que éstas eran múltiples y podían variar según la facción militar que estudiemos. Así, los llamados Spinolistas, los más moderados, aspiraban sobre todo a dar una solución satisfactoria al problema colonial (quizá en forma de confederación de estados, estilo Commonwealth británica), pero sin romper totalmente los lazos con la metrópoli. En cuanto al sistema político que quería implantar este grupo consistía principalmente en la instauración de un régimen semidemocrático fuertemente controlado por el estamento militar.

Otra facción fuertemente consolidada en el MFA era la de los oficiales que apoyaban directa o indirectamente al partido comunista o a otros partidos de extrema izquierda. Este grupo deseaba una revolución marxista en el país.

Finalmente, entre unos y otros, la mayoría de los oficiales implicados en el Golpe tenían dos objetivos claramente definidos: en primer lugar, derribar la Dictadura e implantar un régimen democrático de corte occidental y como consecuencia directa del primero, acabar con las guerras africanas. Este grupo, creo que mayoritario en el seno de las Fuerzas Armadas, creía, y no sin razón, que un gobierno democrático tendría la capacidad de negociar con todas las guerrillas involucradas y pactar una independencia de las distintas colonias.

Por ello, y para acabar este trabajo, creo que la mayoría de los militares que se levantaron contra el Gobierno de Caetano querían derribarlo y sustituirlo por una verdadera democracia. Este era su objetivo principal, pero de lo que no cabe ninguna duda es el hecho de que las guerras coloniales y la forma de conducirlas aceleraron la caída de la Dictadura por el extremo cansancio que produjo en la oficialidad portuguesa.

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • BIRMINGHAM, David, Historia de Portugal, Madrid, Akal 2005.
  • CARCEDO, Diego, Fusiles y claveles, Madrid, Temas de Hoy, 1999.
  • DE ANDRES, Jesús, El voto de las armas, Madrid, Los libros de la Catarata, 2000.
  • GUISAN, Mari Carmen y PADRAO, Reinaldo, Evolución de la economía portuguesa 1946-2000, Santiago de Compostela, Facultad de Económicas, 2003.
  • LEGUINECHE, Manuel, Portugal, la revolución rota, Madrid, Ediciones Felmar, 1976.
  • LUTTWAK, Edward, Golpe de Estado, un manual práctico, Editorial V Siglos, México DF, 1976.
  • SANCHEZ CERVELLÓ, Josep, La Revolución de los Claveles en Portugal, Madrid, Arco Libros, S.L. 1997.

Recursos de Internet:

WIKIPEDIA:

Película Capitanes de Abril, coproducción europea dirigida en el año 2000 por María de Medeiros.

Autor: Carlos Gil Fernández

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