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La Península Ibérica en la Edad Media: al-Andalus (siglos VIII al XIII) – Historia en Selectividad

La Península Ibérica en la Edad Media: al-Andalus (siglos VIII al XIII) – Historia en Selectividad. El Al -Andalus fue un periodo importante en la historia de la Península Ibérica durante la Edad Media por lo que sigue siendo un tema recurrente en las pruebas de selectividad.

Es por ello, y para los que os estáis preparando este tema que os vamos a ofrecer ahora toda la información sobre la evolución política del periodo del Al-Andalus, con la conquista, los emiratos y el Califato de Córdoba, qué crisis Siglo XI con los reinos de taifas y cómo era su organización política y social, así como su legado cultural.

Introducción al Al-Andalus

Al-Andalus fue el nombre que se le dio al territorio bajo control musulmán en la Península Ibérica durante la Edad Media entre la invasión musulmana en 711 y su expulsión en 1492.

Dirigidas por Tàriq ibn Ziyad y Mussa ibn Nussayr, las fuerzas musulmanas desembarcaron el 27 de abril de 711 en Gibraltar y el 19 de julio derrotaron al rey visigodo Roderico o Rodrigo en la batalla de Guadalete.

Entre 711 y 716, los musulmanes tomaron el control de toda la Península Ibérica, aparte de las regiones montañosas de los Pirineos y Cantábrica.

Esto se logró a menudo a través de pactos con los líderes de los asentamientos visigodos, quienes, incapaces de ofrecer mucha resistencia, llegaron a acuerdos con fuerzas invasoras a cambio de privilegios.

La presencia de los musulmanes en la Península Ibérica se expandió hasta el 1492, año en el que fueron expulsados tras producirse la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Durante el tiempo en el que los musulmanes estuvieron en la Península Ibérica, desarrollaron una sociedad muy avanzada para su época recibiendo ese nombre de Al- Andalus.

Evolución Política del Al-Andalus: la conquista, los emiratos y el califato de Córdoba

La conquista (711-718)

Fue en el año 711 cuando el ejército del mencionado  Tariq ibn Ziya, lugarteniente del gobernador musulmán del norte de África, llegó a las costas de la península ibérica siendo un aliado para los visigodos que luchaban por controlar el territorio tras morir el rey visigodo Vitiza. La llegada de musulmanes deriva en la  batalla de Guadalete (711) donde es derrotado el último rey visigodo, Rodrigo. Comienza así una expansión de dos años por parte de los musulmanes que acabarán dominando la Península, a excepción de la cornisa cantábrica (Asturias).

Hubo tres desencadenantes o factores que propiciaron ciertamente la victoria musulmana: los visigodos llevaban un largo periodo de guerras civiles por lo que era más que evidente su debilidad. Aquellos que todavía quedaban en pie, prefirieron pactar con los musulmanes y a todo ello, se le sumó la indiferencia del resto de la  población hispanorromana.

Emirato dependiente de Damasco (711-756)

Todos los territorios que fueron conquistados, pasaron a formar parte del gran imperio Omeya, siendo el califa de Damasco desde donde se nombraba a los gobernadores (emires), pero lo cierto es que a pesar de su éxito en la conquista, los musulmanes no conformaban un grupo heterogéneo por lo que se fueron estableciendo por regiones y así los árabes se establecieron en el Guadalquivir, los sirios llegarpn a Granada, los egipcios conquistaron el Levante y los bereberes, los más numerosos, se establecieron en el norte y centro de la península, dando paso a sus propios conflictos entre los líderes de cada asentamiento.

En este período se produjeron además varios ataques en la zona sur de la Galia, siendo derrotados por los francos en la batalla de Poitiers (732), mientras que en el norte encontraron la resistencia de la cornisa cantábrica (con la batalla de Covadonga en el 718 o 722) y en la zona pirenaica.

Fue en el año 750 cuando se produce el derrocamiento de la dinastía Omeya en Damasco por Abul Abbas con la muerte de todos los miembros de la familia Omeya a excepción de Abd-Al-Rahman. Comienza entonces el imperio Abasí con capital en Bagdad de modo que Abd-Al-Rahman buscó refugio en el norte de África, llegando luego a la península y tras dominarla estableció su capital en Córdoba.

Emirato de córdoba (756-912)

En 773, Abd-al-Rahman I proclamó el Emirato de Córdoba, que aunque política y administrativamente independiente, permaneció conectada espiritual y moralmente con el resto del Islam.

Sin embargo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abd-ar-Rahman II, quien delegó el poder a los visires e impuso el Islam a la población local hasta tal punto que el número de Mossarabs, cristianos que viven en territorio musulmán, se redujo considerablemente. .

Con la llegada de Abd-ar-Rahman III en 912, el emirato estaba en declive debido a los enfrentamientos internos, los ataques de los reinos cristianos en el norte y la amenaza al comercio marítimo.

A pesar de esto, Abd-ar-Rahman III logró hacer retroceder a los cristianos y obligarlos a pagar impuestos y también estableció bases militares en el Estrecho de Gibraltar.

Califato de Córdoba (929-1031)

Abd-ar-Rahman III se proclamó califa de Córdoba en 929 y, en consecuencia, independencia religiosa del califato abasí en Bagdad.

El motivo de la proclamación del Califato por los Omeyas fue, en primer lugar, para reforzar su posición y, en segundo lugar, para consolidar las rutas comerciales del Mediterráneo con Bizancio y así asegurar su suministro de oro.

Después de la conquista de Melilla en 927, a mediados del siglo X, los Omeyas controlaban un triángulo de territorio formado por Argelia, Sijilmasa y el Océano Atlántico.

Para el año 950, el poder del Califato de Córdoba había empujado hacia el norte, ganando una influencia significativa sobre los pequeños reinos cristianos en el norte de la Península Ibérica e incluso intercambiaba embajadores con el Sacro Imperio Romano.

Aunque de corta duración, este fue el punto más alto de la ocupación musulmana de la península ibérica y llegó a su fin en 1010 con la guerra civil entre los partidarios del último califa legítimo Hixam II y los sucesores de su primer ministro Almansor.

Crisis en el Siglo XI: Los reinos de taifas e imperios africanos

La consecuencia de la guerra civil fue la creación de los Taifas, que eran una serie de pequeños estados independientes, cada uno con una ciudad como su principal centro económico.

Aunque los taifas vivieron un período de esplendor económico, se vieron acosados ​​por los problemas causados ​​por los elevados impuestos necesarios para luchar continuamente en las guerras contra el reino cristiano en el norte y rechazar las invasiones del norte de África, como los almorávides (1090-1102). los almohades (1145-1146) y los marinids (1224).

Esta presión constante condujo a una disminución progresiva de Al Andalus a medida que las Taifas se dividían, subdividían y eventualmente eran conquistadas. En el 1085 se produce la conquista de Toledo por parte de Alfonso VI de Castilla y León, y tras esta, los reinos taifas solicitaron ayuda a las tribus bereberes : los almorávides que llegan en 1086 y derrotan a Alfonso VI, recuperando Valencia.

A partir de 1094 los almorávides  logran reunificar el Al-Andalus imponiendo guarniciones militares en casi todas las ciudades, pero su poder se desintegro hacia el 1140 con la llegada de un nuevo imperio norteafricano: los almohades.

Se produce entonces unas segundas taifas (1144-1170) que derivan hasta el 1195, con la batalla de Alarcos en la que los almohades se hacen con el control del Al-Andalus, aunque tras una coalición de los reinos cristianos del norte, son derrotados definitivamente en la batalla de las Navas de Tolosa (1212).

A partir de 1212 comienzan unas terceras taifas, que se caracterizan por la construcción de grandes reinos musulmanes, pero en un corto periodo de tiempo, de 1212 a 1262, los cristianos derrotan y acaban con todos los reinos de taifas menos Granada que, convertido en un reino feudatario de Castilla, permaneció hasta 1492 cuando fue conquistado por los Reyes Católicos.

Organización política y social. El legado cultural

Organización Política

El estado musulmán en la península ibérica se caracterizó por una organización política, autocrática de modo que el gobierno era centralizado y se llevaba a cabo en el palacio en el que emires, califas o sultanes ejercían un poder absoluto.

La administración pública se llevaba a cabo por los diwanes o ministerios; y cada uno de ellos era regido por un visir , aunque por encima de estos se encontraba la figura de un primer ministro o hachib.

La administración de justicia se llevaba a cabo a través de los cadíes, mientra que para cada provincia o ciudad importante se designaba a un gobernador o wadí. Todo el territorio se dividía en coras (provincias) gobernadas por el  el valí (gobernador). Los territorios fronterizos con los cristianos se dividían en marcas en las que el gobernador tenía poderes militares.

La organización política durante este tiempo se mantenía gracias a la presencia de un fuerte ejército y al cobro de impuestos. Los musulmanes tenían que pagar el zakat, que era una especie de limosna obligatoria, mientras que los no musulmanes (mozárabes y judíos) hacían el pago del yizya, un impuesto personal que se establecía a partir de los bienes que se poseía y que además estaban obligados a pagar si querían poder practicar su religión. Por otro lado se producían frecuentes impuestos extraordinarios, que eran establecidos a partir de las necesidades del Estado, entre las que estaban el mantenimiento del ejército formado por mercenarios (bereberes, francos, eslavos). El estado pagaba a estos mercenarios para garantizar su lealtad  y poder mantener así el control de las fronteras y la política de expansión militar.

Sociedad

En cuanto a la sociedad, era la más avanzada de Europa. Una sociedad heterogénea desde el punto de vista étnico y religioso, así como urbano.

La sociedad se establecía en una jerarquía dominada por los árabes que por proceder de la tierra del Profeta y ser “musulmanes viejos” eran los que ocupaban los altos cargos dentro de la administración así como el ejército. Seguidos a los árabes estaban los sirios, que también ostentaban puestos importantes dentro de la administración y ejército por ser descendientes de los Omeya.

Luego estaban los egipcios, que asentados en Levante tenían cargos de menor relevancia; y por último estaban, los bereberes, que aunque eran el grupo más numeroso, se encontraban apartados de la administración y el ejército, de modo que se dedicaron en su mayoría al pastoreo y apenas tenían poder.

La presencia musulmana provocó además que gran parte de la  población hispanogoda acabara convirtiéndose al Islam, recibiendo así el nombre de muladíes. Pero los musulmanes eran un pueblo respetuoso, hasta cierto punto, con otras religiones, por lo que permitieron que los cristianos y judíos siguieran practicando su religión, aunque de todos modos se produjeron varios conflictos religiosos que llevaron a enfrentamientos.

Aunque el imperio musulmán dominó gran parte de la península ibérica, todavía gran parte de  zona del Guadalquivir y de Mérida lograron conservar comunidades cristinas muy numerosas, que conservaron sus iglesias, autoridades y hasta las leyes, pero a la vez recibieron una influencia de la cultura árabe (incluso vestían como musulmanes) y se cononcían como mozárabes, que siempre se revelaron ante el poder musulmán.

Por otro lado, en las ciudades comerciales, los judíos eran la comunidad dominante, pero se mantuvieron al margen de la lucha de poder.

A estos grupos sociales se sumaba la presencia de conversos como los esclavos negros sudaneses que tras su liberación se convirtieron al Islam que se asentaron en Andalucía, así como los eslavos, esclavos o mercenarios de origen europeo que tras convertirse al Islam, formaron parte de ejércitos de Al-Andalus.

Luego, en lo más alto de la sociedad se encontraba la aristocracia árabe que además incluía a algunas familias visigodas, ostentando cargos y dominando territorios. También tenía presencia la burguesía formada por comerciantes y artesanos, así como el campesinado y la plebe urbana.

Economía

La prosperidad económica de al-Andalus fue el producto de una combinación saludable de comercio, agricultura e industria. Sabemos de los fenicios , griegos , cartagineses., y los romanos que el comercio trans mediterráneo era una actividad de larga data. Cuando el Islam se arraigó en el Medio Oriente y luego a lo largo de la costa del norte de África hacia España, cambió solo el color ideológico de esas áreas, no el patrón fundamental de la vida económica. En todo caso, el pensamiento musulmán desde el principio había alentado el comercio y la movilidad; después de todo, el propio Profeta había sido un comerciante y el Corán ordenó a los musulmanes viajar y ver las maravillas de la creación de Alá. Y en árabe, al-Andalus tenía un idioma común con todo el norte de África y el Medio Oriente, lo que facilitaba el comercio.

Inicialmente, Al-Andalus habría importado mucho de lo que requería, comercial y agrícolamente. Luego, a medida que mejoró su propia capacidad de fabricación, comenzó a participar plenamente, exportando hierro forjado, vidrio, cerámica (el famoso azulejo), productos de papel, tejidos de lana. La piel cordobesa era muy apreciada, al igual que las finas sedas teñidas en colores brillantes. Estos productos manufacturados, junto con los metales y minerales (por ejemplo, hierro, cobre, mercurio) se encontraban listos para el mercado en todo el Mediterráneo, así como dentro de la propia península. A cambio, el al-Andalus importaba bienes que no eran fácilmente accesibles en casa: por ejemplo, oro y marfil del sur del Sahara. El oro, del área del Alto Níger, conocido entonces como Sudán, se convirtió en la base del intercambio en Europa hasta el descubrimiento de América.

El apoyo al sector manufacturero fue una infraestructura agrícola que hizo de al-Andalus la envidia del Mediterráneo. En un momento en que la agricultura en el resto de Europa era solo una cuestión de trabajo manual, en al-Andalus fue tratada como una ciencia. En el siglo XII, por ejemplo, Abu Zacaria publicó un Libro de Agricultura en el que habla sobre el riego, las cualidades de las plantas y vegetales comestibles, el uso de fertilizantes, la relación de los animales con la tierra, las enfermedades que afectan a los animales, las aves, abejas etc., y como curarlas. El cultivo de hermosos jardines comenzó temprano, con Abd al-Rahman I (r. 756-85), y culmina con los jardines Generalife del siglo XIV en el Palacio de la Alhambra de Granada.

El engranaje vital que hizo posible la floración de al-Andalus fue el riego, la alimentación de los jardines y la conversión de zonas áridas en oasis verdes. Los musulmanes no introdujeron el riego en la península, pero lo que hicieron fue mejorar y expandir significativamente lo que los romanos habían comenzado. La irrigación romana se había basado principalmente en la gravedad, que limitaba la cantidad de tierra que podía irrigarse. Los musulmanes fueron practicantes del molino de agua y la rueda de agua que podría elevar el agua y así expandir el terreno disponible para el cultivo. Repartidos por el paisaje del sur de España, todavía podemos ver estas ruedas de agua morisca, sus cubos extraen agua de un nivel inferior para depositarla en canales a lo largo de los cuales luego se lleva a los campos exteriores. El legado de riego de los moros todavía se puede ver hoy en la práctica en las áreas altamente irrigadas alrededor de Valencia y Murcia, donde se les conoce simplemente como La huerta .

Acompañada por la mejora de la irrigación y la fertilización, la tierra se volvió mucho más productiva, aumentando así la prosperidad y el bienestar de los andaluces. Las ciudades crecieron gracias a los beneficios de una economía sana. La gente comía una dieta más saludable y variada, que a su vez permitía más actividades de ocio (por ejemplo, jugar ajedrez, introducirse en al-Andalus en el siglo X o crear hermosos jardines como fuentes de placer estético o meditación). En el siglo X, Córdoba. se había convertido en la ciudad más grande de Europa, con una población de aproximadamente 100.000 habitantes. Era un magnate sofisticado que atraía a personas de Europa y de todos los rincones del Mediterráneo.

Influencia cultural

La influencia cultural del Al- Andalus en la Península Ibérica es clara, iniciándose por parte de los musulmanes de la traducción al árabe todos los autores griegos y romanos.

Con el Al-Andalus, la cultura floreció y el aprendizaje fue muy apreciado. Los musulmanes fueron reconocidos como destacados estudiosos en álgebra (una palabra árabe), astronomía, medicina, botánica, geografía, historia, etc., campos que tuvieron un gran impacto en la vida europea en la Edad Media.

Y no podemos olvidarnos de las grandes obras de arte musulmán que todavía se mantienen como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla.

Conclusión

Podemos concluir que la Península Ibérica en la Edad Media con el al-Andalus (siglos VIII al XIII) significó un avance en los aspectos señalados, aunque también un periodo en el que los conflictos eran constantes y como no, se produjo una marcada división de territorios.

 Estas son preguntas sobre este tema que ya han aparecido en  los exámenes de la PAU (2004-2011)

  1. Explique brevemente la irrupción y el dominio del Islam en Hispania.
  2. Explique con brevedad el Califato de Córdoba.
  3. Explique brevemente la evolución política de al-Andalus.

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