El tren: Pasado y futuro unidos por un encanto único

Japón, 21 de abril de 2015. En algún punto en la prefectura de Yamanashi, en sus bosques, imaginamos a algún excursionista de Tokio dando un paseo tranquilamente por la zona. De repente siente en las cercanías un movimiento. Al mirar de reojo se da cuenta de que algo ha pasado a una velocidad indescriptible, pero […]

Japón, 21 de abril de 2015. En algún punto en la prefectura de Yamanashi, en sus bosques, imaginamos a algún excursionista de Tokio dando un paseo tranquilamente por la zona. De repente siente en las cercanías un movimiento. Al mirar de reojo se da cuenta de que algo ha pasado a una velocidad indescriptible, pero no está seguro pues no ha sentido ninguna vibración, y apenas ruido. Acaba de ser testigo sin casi darse cuenta de cómo se hace historia. El tren Maglev, de levitación magnética, ha pasado ante sus ojos incrédulos a una velocidad de 603’5 km/h batiendo el récord en la velocidad ferroviaria, al superar el máximo de 580’9 km/h que había alcanzado 12 antes. Los trenes Maglev utilizan imanes para su propulsión, levitando sobre la vía, de ahí que apenas produzcan vibración ni ruido.

En 2021, 6 años más tarde de aquella hazaña, China ya ha mostrado al mundo su nuevo prototipo de Maglev, que busca ser el más veloz del planeta con el objetivo de alcanzar los 620 km/h. Pero si el futuro de los trenes nos parece fascinante, pues ya lo es su presente, no menos interesante es su historia.

Dejando de lado la eterna batalla entre China y Japón, si hablamos de Historia y trenes tenemos que desplazarnos a Europa. El primer tren se fabricó hace más de 200 años en Inglaterra, y aunque transitaba por vías era tirado por caballos. Al poco tiempo, en 1814, George Stephenson revolucionó la industria al fabricar la locomotora a vapor, utilizándose por primera vez para unir dos ciudades en la primera línea ferroviaria del mundo, que iba de Manchester a Liverpool. Desde entonces el mundo del ferrocarril ha experimentado avances extraordinarios, pasando del vapor a la electricidad, y en esta última modalidad alcanzando cada vez velocidades más cercanas a las que puede llevar en promedio un avión comercial. A día de hoy, prácticamente todos los países europeos cuentan con líneas de alta velocidad, muchas de ellas cruzando fronteras, como el Eurostar, que une Londres con Bruselas o París. El TGV francés, que se inauguró en 1981 uniendo París con Lyon en unas 2 horas, poco tiene que envidiar a los nuevos Maglev asiáticos. Siendo un tren de desplazamiento convencional por railes, el TGV también batió récord histórico en su momento, cuando el 3 de abril de 2007 un tren de la firma Alsthom alcanzaba los 574,8 km/h mientras trasladaba pasajeros entre París y Estrasburgo.

Pese a todos los avances tecnológicos y la modernización de los diseños, el encanto de viajar en tren sigue en cierto modo vigente. A diferencia de viajar en coche, que nos parece más habitual y donde además el camino se comparte con otros vehículos, moverse por las vías ferroviarias nos suele dar la impresión de surcar rutas inexploradas, de transitar tierras desconocidas. Por otro lado, además de estar considerado, junto con el avión, el medio de transporte más seguro en cuanto a accidentes (y ahora también en lo referente a la Covid-19), el tren sigue siendo una de las formas más cómodas y agradables de viajar. Plataformas y buscadores como Omio te dan la posibilidad de comparar horarios y precios para viajar en las principales compañías de tren europeas, así como reservar y comprar los billetes de forma rápida y sencilla.

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