Augusto, fundador del principado de Roma, fue sin dudas una de las figuras más populares de la historia de la antigua Roma. Nació en tiempos de crisis y vivió el asesinato de Julio César. Con gran inteligencia, supo instaurar un nuevo régimen político y concluyó con las guerras civiles, con la simplicidad y austeridad que siempre lo caracterizó.
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Imagen Sebastian Bergmann
Pero junto a esta gloriosa figura, se encuentran dos personas más, dos amigos inseparables que seguían constantemente la sombra de Augusto: Agripa y Mecenas, los dos consejeros del Emperador.
Marco Vespasiano Agripa fue un reconocido militar que permaneció junto a Augusto desde el año 45, a la edad de 18 años. La confianza que tenía el emperador sobre el mismo se reflejó en la unión de su hija Julia la Mayor con su amigo íntimo. Agripa envió a construir el Panteón de Roma y tras su muerte Augusto se encargó de leer el discurso fúnebre.
Por otro lado, Mecenas fue un fiel compañero y apoyo moral de Augusto, especialmente durante la guerra civil. A pesar de ser tan aliados, eran de personalidades antagónicas, dado que Mecenas solía engalanarse con joyas y sedas finas y solía vivir a disposición de su propia imagen. Más allá de esto, Mecenas fue un hombre culto de dotes literarias, rodeado de renombrados poetas como Virgilio, Horacio y Propercio. Su influencia decayó en el año 23 a.C, retirándose por completo de la vida pública.



