Escrito por Tendenzias

Tamara de Lempicka, la dramática reina del Art Decó

Es muy difícil encontrar un artista que se haya destacado sobre el resto de sus pares que no posea algún elemento en su vida personal perturbador, dramático o de locura. Es como una fórmula casi perfecta para el éxito en el espinoso mundo del arte de todos los tiempos. Tamara de Lempicka no fue la excepción.

dama durmiendo

Imagen: Alicia Loria

Los datos que conocíamos durante su existencia son respecto a su pasado son absoluta mentira, ella misma se encargó de dar una versión diferente a cada pasajero de su vida por lo que años después se supo que nació bajo el nombre de Tamara Gurwik-Gorska en el año 1895 en Moscú, Rusia. Ella acusaba haber nacido en Varsovia, Polonia en 1898 fecha que en sus últimos años cambió al 1902, no se sabe si fue por simple coquetería o porque realmente, como la retratan sus biógrafos, era una gran mentirosa.

Tamara de Lempicka

Imagen: Cvilización&Barbarie

Creció en una familia adinerada y de pequeña descubrió su pasión por el arte al viajar a Italia con su abuela. Esta sería su relación más duradera y verdadera, la que mantendría con el arte. Se casó en 1916 con Tadeusz Lempicki y tuvo una hija llamada Kizette, modelo recurrente en sus pinturas. Divorciada de su primer esposo volvió a casarse en 1929 con un coleccionista de su obra, el barón Raoul Kuffner y se radica en Estados Unidos, allí pasará mayor parte de su vida para morir en Cuernavaca ciudad de México en 1980.

Tamara fue una mujer rebelde, independiente, bisexual, transgresora y liberal. Su vida se encontraba rodeada por un mundo de excesos: la cocaína, las orgías ocasionales y los amantes que parecían no tener límite. Toda su vida llena de dramatismo autoinflingido se ve reflejado en sus obras.

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Imagen: All Posters

El Art Decó fue la corriente que la vio triunfar. Las mujeres protagonistas de sus cuadro son en su mayoría modelos reales que lograba plasmar entre el cubismo, que no llega a ser arte abstracto, los colores llamativos, los desnudos, los cuerpos voluminosos dignos de Botticelli, las expresiones de gran profundidad representando la melancolía y decadencia de la época del 30.

Lempicka ha sido realmente una excelente captadora de los sentimientos de quienes la rodeaban. Hombres y mujeres que pertenecían a su círculo social lleno de hipocresía y promiscuidad. El reflejo de la tristeza, las miradas perdidas, la soledad y las historias prohibidas sin duda son los grandes rasgos de sus obras más célebres.

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