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La Guerra de las Malvinas

En 1833, los británicos ocuparon las islas Malvinas y débilmente mantuvieron allí una lejana colonia (“Falkland Islands”) que desde entonces se desarrolló aislada de su centro europeo.

Dada la proximidad al ex Virreinato del Río de la Plata, y la presencia de pescadores y balleneros argentinos a principios de siglo XIX, la Argentina nunca dejó de reclamar sus derechos sobre el archipiélago. Mucho después, el 2 de abril de 1982, el litigio tomó un rumbo inesperado: tropas argentinas desembarcaron en las Malvinas invadiendo el territorio.

HMS Beagle, por Conrad Martens. Explorando Tierra del Fuego e Islas Malvinas. Charles Darwin era uno de sus tripulantes.

HMS Beagle, por Conrad Martens. Explorando Tierra del Fuego e Islas Malvinas. Charles Darwin era uno de sus tripulantes.

1982. Ese año quedará asociado para siempre en la memoria de los argentinos con la Guerra de las Malvinas. En Argentina, el año ya había empezado con un acto desconcertante: un gigantesco asado al que concurrieron 13.000 personas, que fue presidido por el general Galtieri, líder de la dictadura militar que usurpaba la democracia argentina desde 1976, un asado con sabor a campaña.

En ese marco, el 2 de abril, el país se conmueve con la noticia de que tropas argentinas habían desembarcado en Port Stanley (rebautizado Puerto Argentino), capital de las Islas Malvinas. La tropas lograron ocupar la ciudad, con una única baja, la del jefe del desembarco, capitán Pedro Giacchino.

Portada del Diario Clarín: 02/04/82

Portada del Diario Clarín: 02/04/82

Al día siguiente del desembarco argentino en Malvinas, la Primer Ministro británica, Margaret Thatcher, anunció el envío de una flota (la “Task Force“) para recuperar las islas si fracasaban los intentos diplomáticos. El Consejo de Seguridad de la ONU exigió el retiro de las tropas argentinas. Naciones Unidas y Estados Unidos intervinieron como “mediadores”, pero no pudieron evitar el conflicto armado (más allá de que sus vínculos los ataban claramente a Inglaterra).

Task Force

Task Force

Gran Bretaña impuso un bloque naval y una zona de exclusión sobre la región en conflicto, y a fines de abril atacó posiciones argentinas en las islas Georgias. En las Malvinas, los combates comenzaron en mayo, cuando fueron rechazados tres intentos de desembarco de los británicos.

A fines de mayo, los británicos finalmente desembarcaron en Puerto San Carlos, y en junio los combates se desarrollaron a 20 km de Puerto Argentino. Ese mismo mes, el papa Juan Pablo II viajó a la Argentina e hizo un fervoroso llamado en favor de la paz. Pocos días después, tras cuentros combates, el general Menéndez, que estaba a cargo del archipiélago, y el comandante Jeremy Moore, jefe de la fuerza británica, acordaron la rendición argentina.

La Guerra de Malvinas duró 74 días y provocó la muerte de unos 1.200 argentinos y de 255 británicos. Pero el conflicto también tuvo consecuencias políticas, sobre todo en Argentina.

El fracaso en la guerra, la especialidad de los militares, marcó la derrota total del Proceso Militar, cuyo gobierno ya había liquidado social, cultural y económicamente a la Argentina.

Después de pronunciar un discurso especialmente demencial en el que insinuaba que la guerra continuaría, Galtieri no tiene otra opción más que la renuncia. Tras arduas deliberaciones, los comandantes en jefe designan como presidente al general Reynaldo Bignone, que tendría a su cargo la difícil liquidación del Proceso. La salida hacia la democracia ya tiene fecha: octubre de 1983.

Desde entonces, las políticas hacia las islas Malvinas siempre se redujeron, como en 1982, a utilizarlas como un símbolo evocativo de supuesto patriotismo, un instrumento que usaron todos los gobiernos de turno para ganar más popularidad entre los argentinos.

Así como Gran Bretaña no lo hizo nunca, Argentina tampoco se interesó realmente por las islas y sus habitantes (quienes, en rigor de verdad, siempre quisieron ser ingleses, aún cuando estos los despreciaban negándoles una completa ciudadanía). Las islas Malvinas siempre fueron, y SON utilizadas como un recurso político en las batallas internas de cada país entre conservadores y liberales, oficialistas y oposición, dictadura y democracia. En las escuelas y a través de numerosos recursos culturales, ideológicos y políticos, los gobiernos mantienen vivo el mito de las Malvinas, para usarlo cuando lo necesiten, provocando en los argentinos una actitud automática, reaccionaria, pero poco reflexiva ante un episodio de la historia al que sólo empieza y termina padeciéndolo el pueblo.

Fuentes:

  • The Falkland Islands, 1833-1876: The Establishment of a Colony, by Stephen A. Royle,  1985
  • Our Times: The Illustrated History of the 20th Century, Turner Publishing, Atlanta, 1995
  • Informe de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Argentina
  • The Voyage of the Beagle, Charles Darwin, 1833

Imágenes:

  • Wikipedia
  • El Historiador