La aparición de las piramides de Egipto
El complejo funerario de Saqqara encierra la que es la pirámide más antigua que se conoce, la del faraón Zoser. Hasta el momento de su construcción las únicas obras arquitectónicas que se conocían para enterrar a los faraones eran las mastabas, unas tumbas con formas poligonales que inicialmente comenzaron como simples fosas en el suelo con compartimentos separados para cada uno de los elementos que debían acompañar al faraón a la otra vida. Incluso los esclavos eran sacrificados y enterrados en las cercanías para que le sirvieran en la otra vida.

Mastaba
Pero estos enterramientos se fueron perfeccionando con el tiempo y ganando en amplitud y elevación. El siguiente paso fue la construcción de mastabas de dos pisos: en la parte inferior estaba la cámara sepulcral adonde se llegaba a través de un pozo, y en la parte superior había un habitáculo con una puerta donde se dejaban las ofrendas. Esa puerta era el camino que traspasaba ambos mundos.
De ahí al establecimiento de sistemas de seguridad que evitaran los saqueos sólo hubo un paso. Se empezaron a colocar trampas, cámaras ocultas, falsas… Los laberintos interiores convertían la construcción de las cada vez mayores mastabas en auténticas obras arquitectónicas. Sólo era necesario tener la solvencia económica necesaria y las riquezas suficientes para pensar en nuevas construcciones y formas.

Pirámide de Zoser en Saqqara
Y así ocurrió en el siglo XXVIII a.C. Con la llegada del Imperio Antiguo, la capital se llevó a Menfis. Los faraones eran dioses vivos que reinaban en la Tierra, y los niveles de prosperidad habían crecido hasta límites insospechados. Zoser tuvo además la gran suerte de tener a su servicio a un auténtico genio: Imhotep, la persona que ideó la construcción de la pirámide escalonada. Imhotep fue un sabio conocedor de la astronomía, la medicina, la arquitectura y su fama alcanzó al mismo faraón. Llegó a ser “el primero tras el rey del Alto Egipto, administrador del gran palacio y sumo sacerdote“. Y su genio no alcanzó límites, pues de su brillante mente surgió la idea de utilizar cerca de un millón de toneladas de piedra caliza para construir una pirámide. Era un reto que había que superar, pues eso implicaba no sólo el manejo de grandes piedras, cuando antes sólo se usaba el adobe que se extraía del Nilo, sino el transporte de las mismas, que había que traer de más lejos, así como los utensilios necesarios para construirlas pues la madera que se usaba era muy poco resistente para tamaña construcción.
Aquel complejo funerario tenía casi kilómetro y medio de perímetro y albergaba en su centro una pirámide de sesenta metros de altura con seis pisos cada uno más pequeño que el anterior, con lo que la imagen que ofrece es de estar hecha en escalera.
Aquella fabulosa pirámide escalonada de Zoser abrió la veda para que los siguientes faraones comenzaran la construcción de impresionantes pirámides a lo largo de toda la ribera del Nilo. La intención era hacer el tránsito eterno del mejor modo posible. Fue Snefru, el faraón que abrió la dinastía IV quien sorprendió a todos con la construcción no de una, sino de tres pirámides, dos en Dahchur y una en Meidum, ésta última al estilo de los zigurat mesopotámicos.

Pirámide de Snefru
Tras él, fue su hijo Keops quien levantó la mayor maravilla que conoce el mundo: la Gran Pirámide de la que hoy podemos disfrutar en las llanuras de Gizeh.
Muchas son, como hemos dicho, las pirámides y construcciones realizadas a lo largo de la Historia del antiguo Egipto, pero todas tienen un punto común: el misterio de la construcción de las pirámides. ¿Cómo se extrayeron esos enormes bloques de piedra? ¿cómo se transportaron? ¿cómo se fueron colocando hasta darle forma a la construcción? misterios que quizás nadie pueda descifrar nunca.
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