Alejandro Magno: la batalla de Gaugamela, parte IV
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Alejandro Magno: la batalla de Gaugamela, parte IV

La batalla de Gaugamela se planteó casi como una partida de ajedrez, en la que cualquier movimiento era crucial; y no sólo estratégicamente, sino también moralmente. Alejandro Magno marchó de noche a ritmo forzado hasta situarse a apenas 5 kms. de las tropas persas. Sabiendo que en sus tropas había espías persas, hizo correr el rumor de que atacarían esa misma noche, sin descansar. Los persas fueron informados oportunamente por sus espías, y se mantuvieron en pie toda la noche esperando el ataque. Sin embargo, Alejandro aguardó y sus tropas descansaron. Por la mañana, los macedonios estaban más descansados. Aún así, antes de atacar, Alejandro, a lomos de su fiel caballo Bucéfalo, cabalgó frente a sus hombres y tras arengarlos se dirigió directamente a Zeus.

 Batalla de Gaugamela

Él era su hijo, clamó, hijo de un Dios, y la victoria tenía que estar con él, porque ningún dios podía perder. La moral macedonia al oir esas palabras subió. Se lanzaron a la carga utilizando la clásica formación oblicua de Epanimondas, la cual esperaban los persas que empezaron a rodearlos; sin embargo, para desesperación persa, la línea oblicua empezó a despalzarse hacia la derecha atacando uno de los lados persas. Se vieron sorprendidos y mandaron a la caballería asiática contra el flanco derecho macedonio. Estos se colocaron en cuña, atrayendo hacia sí a los carros falcados (carros que en sus ruedas llevan instrumentos cortantes), y cuando éstos llegaron se situaron en columnas, de modo que los carros pasaron por medio sin apenas hacer daño. Las lanzas volaron por el aire hasta clavarse sobre las aurigas persas y su caballería. Fue una carnicería que terminó por ahuyentar a toda la caballería persa del flanco derecho macedonio.

En el otro lado, los macedonios avanzaban, y Darío envió un gran grupo de caballería para envolver todo el ala izquierda de Alejandro, dejando así desguarnecido todo el centro del ejército persa. Era el momento que Alejandro esperaba. Había utilizado el señuelo de atacar las bandas para que los persas concentraran sus fuerzas en los lados dejando con menos defensas su centro. El Magno se lanzó a la carga con sus mejores hombres que habían quedado atrás. A sus flancos le protegía su propia caballería mientras él avanzaba por el centro, furibundo contra Darío directamente. Aún así, preveyendo que pudieran sobrepasar sus flancos, como así ocurrió, la columna central se dividió en dos, de modo que la retaguardia se volvió contra los persas que intentaban atacarle a sus espaldas.

Una vez más, Alejandro Magno había demostrado tener todos los movimientos posibles de aquella partida de ajedrez perfectamente estudiados, y además, tenía un ejército que ejecutaba al momento y con maestría todas sus ordenes.

Batalla de Gaugamela

Los persas huyeron en desbandadas al verse sobrepasado sus líneas, e incluso su rey, Darío, huyó cobardemente. Más de 100 kilómetros estuvo persiguiendo al rey persa que tanto le había decepcionado al huir de ese modo. Sin embargo, la muerte del rey Darío III, asesinado por uno de sus sátrapas, Bassos, para evitar que se rindiera, privó a Alejandro de darle caza.

La victoria de Gaugamela fue importantísima en la Historia de la Humanidad. Grecia se había unido a oriente. La cultura helénica con la oriental. El legado de Babilonia, de Egipto, de Mesopotamia, cayó bajo manos griegas y se unificó una gran parte del mundo bajo un Imperio que sentó las bases de una nueva civilización. En Susa se representó la boda de Oriente con Occidente, se unificó la economía, se creó un mercado grandioso, el avance comercial fue el impulso que necesitaba Europa…

Lo ocurrido después de la batalla de Gaugamela quizás fuera una locura o no. Pues el propio Alejandro quiso continuar con sus conquistas adentrándose en Afganistán, en la India e incluso se plantéo llegar hasta la misma China. Pero sus hombres estaban extenuados. Eran muchos años lejos de sus tierras, de sus gentes, y el motín de sus tropas se hacía cada vez más patente. Alejandro parecía haber enloquecido con sus propias victorias. Y sus ideales, según los que con tanto ánimo le seguían, se perdían y confundían con las costumbres orientales. Se le acusó de olvidar sus raices, tan puras, tan perfectas y mezclarla con sangre de “inferior calidad”… las tensiones a su alrededor enturbiaron sus muchos años de conquistas.

A los 33 años, Alejandro murió víctima del paludismo… o al menos , eso afirmaron, porque su muerte estuvo rodeada de muchas leyendas, e incluso el sitio donde se encuentra su cadáver es aún un misterio para el Mundo.

Una vez más, la soberbia, la avaricia rompió lo que tanto había costado conseguir. El Imperio se desmembró; la mujer y los hijos de Alejandro fueron asesinados, y las tierras conquistadas se repartieron entre sus generales, Seleuco, Lisímaco, Ptolomeo, Antígono y Casandro. Fue la época de los Reinos Helenísticos… pero esa… esa es otra Historia.

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