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San Jerónimo, patrón de los traductores

Hemos invitado hoy a la gente de Traductores Dixit para que nos hablen de su patrón, San Jerónimo, que se celebra el 30 de Septiembre.

image En el siglo V D.C. Jerónimo de Estridón (propio de aquel tiempo añadir el lugar de origen al nombre, como ya hemos comentado otras veces) tradujo la Biblia al latín; hasta entonces  el libro sagrado cristiano solo estaba en griego y en hebreo, amén de algunos intentos en latín, por lo que la “Vulgata”, que es como en el mundo se conoce a esta primera traducción de la Biblia, sirvió para acercar al pueblo romano las Sagradas Escrituras.

Un adelantado a su época, fruto de uno de los mejores profesores de aquel tiempo (Donato) y con tal virtud con las lenguas latinas y griegas, que le llevó al estudio de las Sagradas Escrituras.

Este estudio, mas en pos de una penitencia que no consiguió sino siendo secretario del Santo Pontífice Dámaso, que fue el encargado de encomendar la traducción de los Libros Sagrados del hebreo y del griego al latín, ya que las traducciones existentes hasta la época no eran sino incompletas o inconexas obras y no reflejaban correctamente la interpretación de la Iglesia de estas Escrituras.

A pesar de su leve conocimiento del hebreo, se mudó a Belén, para poder traducir con mejores resultados los Sagrados Testamentos. Se instruyó, pues, en la correcta interpretación de las Escrituras y durante 23 años (del año 382 al 405) se dedicó a la traducción tanto del Nuevo, como del Antiguo Testamento.

Su traducción (la Vulgata) permaneció vigente hasta finales del Siglo XX, donde se publicó la Nova Vulgata en el año 1979 tras el Concilio Vaticano II.

Junto a San Agustín de Hipona, San Ambrosio de Milán, San Gregorio Magno y San Jerónimo forman lo que se conoce como los grandes Padres latinos de la Iglesia y San Jerónimo, el exegeta, por excelencia, de los Padres de Occidente.

Sin duda su pequeña biografía que recogemos en estas líneas no estaría completa sin comentar sus últimos años. Tras ser azote de la alta clase social desde su posición de sacerdote en Roma, se retiró a Belén, donde pasó sus últimos años y fundó cuatro conventos en Tierra Santa (uno para hombres y tres para mujeres), donde atendían a los peregrinos que pasaban por la ciudad para visitar el sitio donde nació Jesús.

San Jerónimo era famoso por sus frases célebres y sus escritos, como el conocido en el mundillo “non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu” es decir, “no expresando palabra por palabra, sino sentido por sentido” que dejó escrita en su célebre Ad pammachium de optimo genere interpretandi, una de las frases más célebres usadas por nosotros, los traductores, para presentar las virtudes de nuestra profesión frente a las traducciones automáticas que tantos ratos de humor nos ha dado a los compañeros.

Como nota curiosa, si bien San Jerónimo es el patrón de los traductores, el patrón de las Facultades de Traducción e Interpretación es Alfonso X El Sabio.

Fuentes