Escrito por Tendenzias

Petra, ciudad nabatea (y II)

Estos nabateos que, supuestamente, habían llegado de la península Arábiga (aunque no hay constancia fehaciente, se estima que probablemente lo hicieron desde el Yemen), no fueron muy guerreros, pero sí que en cuanto tuvieron oportunidad fueron anexionándose territorios de los alrededores y haciéndose cada vez más grandes. Hacia el siglo I a.C. incluso estaba dentro del dominio nabateo la ciudad de Damasco.

 Petra, grabado de Roberts

En tan terrible y hostil medio, en Petra, su única fuerza comerciable era el agua, por lo que tuvieron que agudizar su ingenio para conservarla sabiamente. Por eso, los nabateos han pasado a la historia como grandes ingenieros hidráulicos: excavaron canales en la montaña, construyeron cisternas de gran tamaño, idearon sistemas de filtrados, y todo, solventando las enormes dificultades orográficas que suponían aquellas montañas. usaron los manantiales que encontraron, los canalizaron, reocgieron las aguas que bajaban de las montañas, limpiaban las redes de abastecimientos, filtraban el agua; una tarea realmente impresionante teniendo en cuenta los tiempos de los que hablamos y los medios de que contaban.

Su crecimiento económico fue tan importante gracias al líquido elemento, que eso les sirvió para crecer en otros campos: apareció un sistema de escritura nabateo, procedente del arameo y desarrollaron la arquitectura con esos maravillosos templos que nos han llegado hasta hoy día.

Sin embargo, el ejército romano, que dirigía Pompeyo, derrotó al reino Seléucida en Damasco, creando Siria. Atacaron varias veces aquel fortín inexpugnable que era Petra, y resistieron cuanto pudieron. Finalmente fueron anexionados por el Imperio Romano en el año 106 d.C., y pasó a llamarse Arabia Pétrea, cuya capital se situó en Bosra, dentro de lo que hoy día son los límites territoriales de Siria.

 Plano de Petra

En el siglo IV d.C. se reorganizó administrativamente toda la región y Petra fue nombrada capital de una nueva región naciente: Palestina Tertia Salutaris.

Hasta que el Imperio Romano perdió sus posesiones a manos de los musulmanes en el año 636 d.C. en la batalla de Yarmuk.

Desde entonces Petra se ha convertido en un lugar deseado por todos los grandes imperios por el lugar estratégico en que se encuentra emplazada y como punto de defensa. Incluso durante las Cruzadas se luchó por Petra, y cayendo en manos cristianas, se le cambió el nombre para llamarla Valle de Moisés (Wadi Musa). Se edificó el monasterio de San Aarón en la cima de aquella montaña que muchos años después visitó Burckhardt, Jebel Haroun, y se crearon las fortalezas de al-Wueirah y al-Habis.

De nuevo hubo un enfrentamiento entre cruzados y el gran Saladino, y de nuevo, tras la derrota de aquellos Petra pasó a manos árabes, aunque ifnalmente la dejaron abandonada. De aquel monasterio original de San Aarón, quedaron los restos que hoy están bajo el wali musulmán que hoy día contienen los restos de Aarón.

Y así, durante muchos siglos, Petra permaneció oculta en las montañas, olvidada y abandonada por el mundo, hasta aquel mágico día de 1812 en que Burckhardt redescubrió aquella misteriosa ciudad.

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