Ci Xi: la voz de la China conservadora

De una simple concubina, a emperatriz de China, la vida de Ci Xi fue una historia legendaria, que trascendió en la cultura de los chinos de hoy en día. Sus incansables esfuerzos por conservar las tradiciones chinas, evitando cualquier tipo de influencia occidental, al punto de llegar a una xenofobia enfermiza caracterizó la sombría imagen de esta fascinante mujer que fue temida por la sociedad de fines del siglo XIX.

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Imagen chinapage

Yehonala nació en el año 1935, bajo las influencias de  una familia perteneciente a la nobleza manchú. Su contacto con la nobleza imperial se relacionó especialmente por el trabajo de su padre, quien era guardia de la Ciudad Prohibida. Pero fue su extrema belleza la que cautivó al emperador Xianfeng, convirtiéndola en una de sus concubinas, e instalándola en el Palacio. Como nombre de corte, adoptó el nombre de Ci Xi, que significa gentilmente virtuosa.

Estos hechos acontecían durante el año 1851, año que daba comienzo a la regencia del nuevo emperador bajo un ambiente lleno de cambios para China: la Guerra del Opio había acontecido hace ya 12 años, y Hong Kong era otorgada a Gran Bretaña. El comienzo de la apertura de China al mundo occidental estaba comenzando.

Haciendo honor a su nombre, Ci Xi logró al poco tiempo lo que la emperatriz y el resto de las concubinas no pudieron lograr: un hijo para el emperador.  Éste se llamó Tongzhi, y su nacimiento implicó el puesto de emperatriz del palacio occidental a Ci Xi.

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Imagen smithsonianmag

Pocos años después, el emperador muere, dejando a su pequeño sucesor Tongzhi. Por razones obvias, éste era muy pequeño para gobernar, de modo que su madre tomó el consejo de regencia. Las primeras maniobras encabezadas por la emperatriz viuda, fueron eliminar al resto de los miembros del consejo, ayudada por el apoyo de los eunucos que sobornaba y diversos miembros del ejército.

Los años pasaron, y Tongzhi ya había adquirido la edad suficiente como para reinar. Casualmente, a los dos años de su derecho a la regencia, el soberano murió de viruela, a la edad de 19 años. Tras esta muerte Ci Xi puso rápidamente sus manos a la obra, persuadiendo al Gran Consejo que el hijo de su hermana y el príncipe imperial, Guangxu, de cuatro años de edad, fuera elegido como sucesor del trono. De este modo, Ci Xi compartió el trono con su hermana, y la emperatriz viuda de Xianfeng. El tiempo le dio la muerte de ambas socias, convirtiendo a Ci Xi en la única emperatriz viuda de China.

Continúa en Ci Xi: la nueva emperatriz y el mando de los bóxers

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