Escrito por Tendenzias

Alejandro Magno el guerrero, parte II

Ya os contamos anteriormente cómo Alejandro Magno había conseguido llegar a ser rey de Macedonia. Muerto su padre, Filipo II, Alejandro, a sus 16 años, se deshizo de cuantos se oponían a su reinado. Además la situación que vivía el país era extremadamente delicada, con guerras en los tres frentes: los agrianos, tracios e ilirios en el norte; los griegos por el sur; y los persas por el este.

 Alejandro Magno

La solución eran las guerras relámpagos; atacarles rápidamente y no dar tiempo ni a que se agruparan ni a que quedaran rodeados por uno u otro bando. Sus decisiones serían rápidas y muy medidas: acabar con las revueltas en Grecia y al norte de su país antes de marchar a Persia. Quedaron muchos detalles de aquellas guerras que contribuyeron a darle al gran Alejandro parte de esa fama que fue alcanzando con el paso de los años, como cuando en una estrategia de genio, en las llanuras de Tesalia, rodeó al ejército griego esculpiendo ¡una escalera en la montaña! La velocidad era su mejor arma; la constancia y la movilidad de sus tropas la mejor barrena contra los enemigos, y con ellas, una y otra vez consiguió sus propósitos de irse adentrando en el continente, y ganar sus batallas sin tan siquiera tener que luchar. Finalmente, los griegos capitularon.

Darío tenía que seguir esperando a pesar de ser su gran obsesión, porque ahora tenía por delante una dura batalla contra los tracios. Alejandro Magno planeó todos y cada uno de sus enfrentamientos sin descuidar ningún detalle; enseñó a sus hombres a luchar con carros utilizando sus escudos sobre sus cabezas como carretera metálica para aquéllos; fue uno de los primero en usar armas de guerra y fue, precisamente gracias a las catapultas, como consiguió pacificar todo el sur de la Tracia antes de llegar finalmente al Danubio , y por último usó sus barcos a modo de cuña que separó a los ejércitos enemigos, evitando que las distintas tribus bárbaras pudieran reunirse. Fue, en suma, una campaña hábilmente planeada, que hizo que en poco tiempo Alejandro tuviera totalmente controlado todo el norte.

Sin embargo, su personalidad extraña y solitaria empezó a asomar cuando empezaron sus luchas al oeste, su siguiente objetivo, los persas. El Oriente siempre había sido la fascinación de Alejandro Magno. Pero antes había de rendir culto a sus dioses y ninguno mejor que Troya, el lugar donde habían luchado otros grandes héroes, Heracles y Aquiles. Allí se hicieron las ceremonias necesarias para conseguir el beneplácito de los 12 dioses a los que debía lealtad. Y con él, marchó contra Darío.

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