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Ser anciano en la Edad Media

En la Edad Media se tenía una visión de los ancianos muy similar a la que se tenia de ellos en la época del Imperio Romano. Para ellos el senex, el anciano, era el hombre perfecto. No, obviamente, el anciano caduco, sin fuerzas, sino el hombre de cabellos canos o calvo, que estaba en pleno uso de sus facultades mentales y todavía con fuerza física.

San Benito Esta misma visión es la que domina a lo largo de la primera mitad de la Edad Media. El anciano era un hombre de entre cincuenta y sesenta años.

“Era un hombre que llevaba una vida venerable, y lo era por la gracia y por el nombre; desde su juventud su corazón latió siempre como el de un anciano”, dice Gregorio I magno de San Benito de Nursia en su Vita sancti Benedicti.

Así fue que la orden benedictina, en los albores de la Edad Media, se hizo con la idea romana del anciano, el senex. Un anciano obviamente dotado de las virtudes cristianas, dulce y sabio.

Pero no sólo de los romanos se construyó el ideal del anciano medieval, sino también a partir de la cultura germana. En ella, los ancianos también eran venerados como sabios, y también como fuertes héroes, el ejemplo es el del legendario Hildebrando, un cantar germano en el cual un anciano lucha contra un joven.

Así el mundo urbano romano y el mundo rural germano se unieron en un mismo ritmo de vida y la misma concepción de la vida basada en el ideal del senex, del anciano venerable.

Tanto para los pueblos germánicos invasores, como para los romanos que venían dominando en la región desde siglos atrás, el hombre anciano era el depositario de la sabiduría, de la experiencia, del conocimiento necesario para cualquier cosa. Todo joven debía acercarse a algún anciano para conocer sobre el mundo.

Así la mayoría de los gobernantes de la época se rodeaban de asesores que eran ancianos. Y sólo los monjes ya ancianos eran venerados como sabios dignos de dar lecciones, y de transmitir sus conocimientos. Incluso en algunos de los reinos germánicos había “escuelas” dirigidas por los ancianos a las cuales acudían los jóvenes de la aristocracia.

Sobre los ancianos de las clases bajas, como los campesinos no quedan fuentes que especifiquen su estatus frente al resto de la familia.

Fuentes

Gente de la Edad Media, Eileen Powell.

Vida y cultura en la Edad Media, Johannes Bühler

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