Escrito por Tendenzias

Reliquias de Semana Santa

Los 4 Evangelios cristianos describen la Pasión y Resurrección de Cristo como los acontecimientos centrales de la vida de Jesús. Durante la Semana Santa se conmemoran la Última Cena, la Eucaristía, el Vía Crucis, la Crucifixión y Resurrección de Jesucristo. Básicamente todo el credo católico se aglutina en estos pocos días previos a la Pascua.

No es  del todo sorprendente que la Semana Santa provoque en los creyentes una devoción tal que sobrepase la fe y roce el fetichismo religioso. Que arroje la primera piedra el que nunca se haya guardado una entrada de concierto, un autógrafo, un recuerdo de alguien querido.

Pero el fetichismo religioso es un problema mucho mayor que el ocasional cariño hacia objetos de valor personal. Por un lado, presenta una contradicción teológica: un elemento presuntamente relacionado con los hechos correspondientes a la Semana Santa se convierte en objeto de adoración misma, ya no representa más nada, sino que es venerado como tal: idolatría.

Otro problema inherente al fetichismo religioso es, por supuesto, la autenticidad de las reliquias. Aquí es donde el estudio de la historia tiene algo que aportar, y cuyo aporte generalmente se traduce en malas noticias para el mito de estos objetos.

El boom de las reliquias creció durante la Edad Media, época que la Enciclopedia Católica señala como “poco crítica y morbosa”. Es una acusación muy a la Pilatos, ya que estamos, siempre es muy conveniente culpar a una “época” en lugar de apuntar hacia los hombres que vivieron en ella, y especialmente, a la institución de la Iglesia medieval. En ese “morboso” período fue cuando proliferaron las reliquias de la Pasión: los restos de la cruz, la corona de espinas, la lanza, el sudario, y el Santo Grial.

El mito atribuye a Santa Elena, madre de Constantino, primer emperador romano cristiano, el haber encontrado en Tierra Santa la mayoría de estos objetos sagrados.

Las reliquias son “una concesión a la devoción popular; son útiles, pero no necesarias”, explica Johann Evangelist Hafner, profesor de estudios religiosos de la Universidad de Potsdam. Por eso la Iglesia católica, aunque no ha autentificado ninguna, tampoco contradice oficialmente a quienes creen en ellas, ni termina de descartar que sean genuinas.

Hoy día hay pedazos de la cruz y de los clavos de Cristo en un sinfín de iglesias cristianas. Tantos que Martin Lutero se mofaba diciendo que con ellos podría construirse un barco. También tenemos una corona de espinas en París.

Pero la estrella de las reliquias de la Semana Santa es el Santo Grial, el recipiente que utilizó Jesús durante la Última Cena para la Transmutación del vino en su sangre. Pues parece que usó muchos, porque tenemos uno en Valencia (supuestamente enviado desde Roma por San Lorenzo), otro en Génova, y otros con marketing menos afortunados.

No pueden faltar el famoso sudario de Turín, (que sigue provocando respeto a pesar de que su datación corresponde a la Edad Media), la lanza de Longinus hecha pedazos y distribuida entre Nuremberg, el Vaticano, y Viena (un rompecabezas de lanza, más bien).

Las reliquias de la Semana Santa ya no provocan las devociones de antaño, y ni siquiera la Iglesia garantiza su autenticidad, pero lo cierto es que siguen fascinando a estudiosos, literatos y esotéricos.

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Fuentes:

  • Catholic.net
  • Enciclopedia Católica
  • Diario Córdoba

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