Porcofobia, un odio histórico (II): bases fundamentales
En el anterior artículo, dejábamos en la red (que no en el aire) algunas de las cuestiones más interesantes relacionadas con la porcofobia; esto es, el odio al cerdo. En tal manera que nos preguntábamos, ¿cuáles son los puntos exactos en los que se basan muchos para odiar en su mayor magnitud la carne de cerdo? ¿Tal vez una creencia equivocada e irracional acerca de uno de los animales, por el contrario, más consumidos del mundo?
Las primeras informaciones a este respecto, que trataron en su momento de “justificar” dicho pensamiento, las encontramos en el siglo XIII en la figura de Moisés Maimónides, médico de la corte de Saladino en El Cairo, quien comentó que Dios había querido prohibir de forma profunda la carne de cerdo como cuestión de salud pública, pues tenía un efecto malo y muy perjudicial para el cuerpo, aunque nunca se conoció por qué decía lo que decía, y en qué se basaba realmente para mantener lo que defendía.

Saladino, Rey de Egipto. Manuscrito del siglo XV
Sin embargo, tuvieron que pasar los siglos, hasta que se descubrió una enfermedad causada directamente por la carne de cerdo mal cocida: la triquinosis, originada por la infección de larvas de un gusano nematodo denominado Trichinella spiralis, las cuales producen una irritación grave del tracto intestinal y provocando en el afectado un profundo dolor abdominal, vómitos, náuseas, emisión de heces líquidas, delirios, cefaleas, e incluso la aparición de un edema facial (en especial alrededor de los ojos) al migrar -o liberarse- las larvas hacia la sangre.
Gracias a este descubrimiento, aunque de alguna forma tardío en las descripciones aportadas siglos atrás por el médico del sultán, cuyo juicio debía y tenía que ser respetado como tal, podríamos comprender en qué se basaba éste para defender aquello que defendía, pues se desconocía prácticamente por completo qué era lo que causaba dicho malestar en el cuerpo humano, tan sólo suponiéndose (de forma muy justificada), que ésta estaba producida por el cerdo tras la ingesta de su carne.
Pero si ello fuera un hecho real e inequívoco que estuviera cien por cien fundamentado, Yahvé hubiera indicado a sus fieles que comieran carne bien cocida, y no prohibirla en su totalidad. Y no sólo eso, dado que el argumento aportado por el médico carecía de fundamento, pues también otros animales domésticos producen enfermedades parecidas, y sin embargo no se ha impedido su ingesta.
Como ejemplo, tenemos a la vaca, adorada en países como la India, y odiada asimismo de la misma forma que el cerdo en otros lugares del mundo, que es fuente de parásitos, entre ellos las tenias, que inclusive pueden crecer en los intestinos del hombre alcanzando una longitud que va de 15 a 20 pies, encontrando a su vez diversas enfermedades bacterianas que transmiten la brucelosis (o fiebre ondulante), originada por un grupo de bacterias del grupo Brucella, que puede presentarse en el ser humano por escalofríos, debilidad, aborto, dolores articulares, alteraciones del sistema nervioso central y fiebre nocturna elevada, en su modo agudo, y en el caso más grave, producido por la Brucellosis melitensis, que transmiten también las ovejas y las cabras, aparece una fiebre remitente y alteraciones del sistema nervioso central de una forma mayor que la citada en líneas anteriores.
Ambas enfermedades son incluso más graves que la producida por el cerdo desde un punto de vista médico y sanitario, y sin embargo ambos dioses no prohíben su consumo. ¿Por qué?

Médicos en plena Edad Media
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Más información | Brucelosis / Triquinosis
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