Escrito por Tendenzias

Los Templarios

La orden del Temple, como las demás órdenes militares medievales, se creó a partir de las expediciones a Tierra Santa y de las Cruzadas, aunque sus inicios son inciertos. image

Hacia 1118, un caballero francés, Hugo de Payns, que quizá fuera pariente de san Bernardo, parece haberse dedicado junto con un puñado de hombres a la protección de los peregrinos en las rutas de Jerusalén y Jericó.

Estos “pobres caballeros de Cristo”, como se los empezó a llamar, recibieron el apoyo de ilustres cruzados, como Foulque de Anjou y Hugo de Champaña. El rey y las autoridades religiosas de Tierra Santa les encargaron tareas de protección y de lucha.

La exaltación de la “caballería de Cristo”, la idea de que las cruzadas eran una especie de sublimación de la profesión militar, y la promoción de san Bernardo de Claraval facilitaron la formulación de la regla, adoptada en 1128.

Los miembros de la orden debían luchar intrépidamente contra los enemigos de la fe; sometidos únicamente al maestre, las reglas de la orden, y al papado. El papa Inocencio III oficializó la orden en 1139, mientras que san Bernardo, con su tratado De laude novae militiae determinó la “santa” misión de los hermanos.

La orden del Temple estaba dirigida por un maestre escogido por los trece dignatarios de la orden. Entre los que luchaban (caballeros y sargentos), los que rezaban (los capellanes), y los que trabajaban (los hermanos legos).

image

La orden se empezó a beneficiar enormemente de los donativos que recibía. Las campañas militares de Hugo de Payns y sus compañeros en Occidente proporcionaron un amplio patrimonio de tierras, que sirvió de base a la red de encomiendas implantadas en Occidente. La fortuna del Temple se incrementó también por otros medios: el derecho a las cuestaciones, los ingresos de los legos, la organización de los transportes de peregrinos a ultramar, las operaciones bancarias y de cambio que se realizaban entre Oriente y Occidente.

El Temple pronto gozaba de una organización parecida a la de un establecimiento con múltiples sucursales. Recibía depósitos regulares en dinero de los príncipes y soberanos: los reyes de Francia e Inglaterra confiaban el tesoro real a los Templos de París y de Londres. Recibían depósitos, prestaban y transportaban dinero, en definitiva, desempeñaban verdaderas funciones bancarias.

Los templarios comenzaron a desarrollar un papel principal en la vida financiera de Europa y adquirieron una reputación de riqueza, sin duda exagerada, que acabó provocando su desgracia.

En la historia de las Cruzadas, la orden del Temple ocupó un lugar esencial. Desde el punto de vista militar, disponía de un ejército experimentado, casi profesional, y que se podía movilizar en cualquier momento. Esta fuerza era bastante independiente de la autoridad real, lo que planteaba un problema de mando.

Desde el punto de vista político, el los templarios también tuvo una gran importancia. A partir de 1170, la debilidad del poder real en Jerusalén era tan grande que el maestro Gerardo de Ridfort fue el promotor contra Saladino y el que condujo a la derrota del ejército franco en la batalla de Hattin. En el siglo XIII se convirtieron en los verdaderos dueños del Oriente latino.

Cuando los Estados francos conquistados en Tierra Santa cayeron en 1291, la existencia de la orden comenzó a ser cuestionada. ¿Acaso su misión no estaba ligada a las cruzadas? Reaparecieron las críticas y acusaciones de herejía hacia los templarios.

image

En 1307, Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, y sus consejeros reales, persuadieron al maniobrable papa Clemente V para que suprimiera la orden en el Concilio de Viena de 1312. Así se hizo, y los bienes del Temple fueron entregados a los Hospitalarios, en cuanto al Gran Maestre, Jacques de Molay, murió en la hoguera el 18 de marzo de 1314, unos meses antes que sus acusadores Felipe IV, y el papa Clemente V.

Fuentes:

google_ad_client = 'ca-pub-2343544197275744';google_ad_slot = '7261601681';google_ad_width = 640;google_ad_height = 300;
  • Balard, M.: Les Corisades, MA éditions, París, 1988
  • Tate, G.: L’Orient des Croisades, Gallimard, 1999

SobreHistoria.com

Newsletter
Lo más interesante
Top 6
artículos
Síguenos