Los fusilamientos del 3 de mayo
17 de marzo de 1808. El motín de Aranjuez había logrado que dos días más tarde Manuel Godoy, primer ministro, fuera destituido, y que Carlos IV tuviera que abdicar en la figura de su hijo Fernando VII. Sin embargo, tanto el juicio de El Escorial, tres meses antes, como este motín, no eran sino el claro síntoma de la desintegración de la monarquía española, y de las tensiones social y políticas que estaba viviendo el país, ahora ya, práctica aunque extraoficialmente invadida por las tropas napoleónicas.
Ante la situación en el país, Napoleón mandó convocar en Bayona al nuevo rey Fernando VII y a su padre Carlos IV. Sin embargo, ambos fueron llevados con engaños o equivocados, con la idea de que Napoleón reconocería la nueva monarquía y que se garantizaría la seguridad en territorio español. Lejos de esa idea, Bonaparte quería la Corona de España, y para ello, incluso, llegó a ofrecer el reino de Etruria y una buena renta al rey. A pesar de que se negó a aceptar, lo cierto es que Fernando VII se encontraba retenido en tierras francesas.
El 30 de abril de 1808, Carlos IV y su esposa María Luisa arrivan a Bayona. Quedaban pocos miembros reales ya en Madrid, cuando despertó aquel terrible día del 2 de mayo.
Los madrileños se agolparon en los alrededores de la plaza de Oriente y del palacio real para evitar que se llevaran en las carrozas a los últimos miembros de la familia real. Los franceses, al mando de Murat, que había llegado un mes atrás como jefe de las tropas francesas, mandó abrir fuego para dispersar a la muchedumbre, pero ésta, lejos de amedrantarse, decidió hacer frente, y con las pocas armas de que disponían, comenzaron la lucha contra las tropas napoleónicas. Se acababa de sembrar el germen de la Guerra de la Independencia española.
Poco tiempo tardó en extenderse las luchas por toda Madrid. Murat lanzó a los mamelucos y los polacos contra la multitud, y frente a ellos, se encontraron a los tres únicos mandos oficiales del ejército español que decidieron sublevarse: Daoiz, Velarde y Ruiz. Sin embargo, sin el apoyo total del ejército español, el pueblo madrileño y estos tres oficiales quedaron en clara minoría ante los franceses. En pocas horas, la rebelión quedó sofocada.

Sin embargo, lo peor estaba por llegar. Murat decidió dar un buen escarmiento y encabezo una brutal represalia. Durante varias horas de aquella madrugada del día 2 al 3 de mayo, los pelotones de soldados franceses fusilaban masivamente, bajo la poca luz de las candelas, a los madrileños sublevados.
Sin embargo, aquella sangre derramada tan heróicamente por la libertad de todo un pueblo y captada de forma tan trágica por el maestro Goya, sirvió para que el resto de los españoles se concienciaran y que floreciera el sentimiento nacionalista. España se declaró en guerra contra los invasores.
Había comenzado la guerra de la Independencia española.
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