La noche de los cuchillos largos: hechos precedentes
30 de junio de 1934. La sangre de los altos mandos alemanes afines a las SA (secciones de asalto) corrieron como un reguero por toda Alemania, en lo que fue un complot perfectamente preparado por Hitler desde meses atrás.
El 29 de enero de 1933 Hitler había accedido al puesto de Canciller gracias al beneplácito de Hindenburg, presidente de la República. El primer paso hacia el poder se había dado, pero aún le faltaba por conseguir el apoyo necesario; transformar el gobierno en un gobierno nazi, pues hasta ese momento sólo dos de los miembros del gabinete eran de reconocida ideología nazi: Frick y Göring y conseguir, para ello, la mayoría absoluta del Parlamento.
Como Canciller convocó elecciones para el mes de marzo, y desde entonces inició una campaña presentándose como líder de un movimento que volvería a Alemania a su grandeza de años atrás.
Aquel mismo año un suceso muy particular hizo que las tensiones políticas fueran a más entre derecha e izquierda: en febrero de 1934 el Reichstag fue incendiado por Marinus van der Lubbe, un militante de izquierdas comunista holandés. Era la señal que necesitaban para emprender una campaña anticomunista e intentar propagar así el ideal nacionalsocialismo, tal y como pretendía Adolf Hitler. Muchas fueron las dudas y misterios que existieron acerca de la autoría de ese incendio, pero lo cierto es que el único autor del mismo, legalmente declarado, fue Van der Lubbe.
Aquella noche empezaron las primeras detenciones de líderes de la izquierda, mientras Hitler presentaba un documento a Hindenburg en el que se pedía libertad para defender las garantías constitucionales mediante la aplicación de medidas coercitivas tales como arrestos, allanamientos, o supresión de algunos derechos sindicales.
Sin embargo, el Partido Nacional Socialista no consiguió la mayoría absoluta que necesitaba, por lo que durante un tiempo Hitler hubo de pasar como un fiel cumplidor de la legislación vigente. Aun así, durante la sesión de investidura de la nueva legislatura, los diputados socialistas y comunistas que intentaron entrar eran detenidos por las SS y las SA, los dos cuerpos de seguridad. De este modo, Hitler consiguió por una amplia mayoría lograr que se aprobara la ley de Plenos Poderes. De nada había servido el discurso del diputado Wells, a quien en la misma investidura contestó el futuro Führer.
Con ella Hitler comenzó la purga de judíos; se disolvieron partidos que estaban contra su ideología y desaparecieron sindicatos. Se preparaba una Segunda Revolución dentro del seno del Partido Nacional Socialista y su brazo más extremo eran las SA, con Ernst Röhm a la cabeza.
Poco a poco las tensiones entre Röhm, por sus continuos comentarios provocativos en público y sus SA, y Adolf Hitler, empezaron a agudizarse. Se estaba creando dos bandos claros: Röhm y sus SA y Hitler y sus SS. Y en medio, siemrpe alerta, siempre ambicioso, Göring, que deseaba el mando de las futuras Fuerzas Armadas.
La información secreta sobre Röhm y su grupo de allegados fluía en los despachos de Hitler y cualquier mínimo movimiento de aquéllos era interpretado como parte de un complot contra el gobierno nazi. Las noticias pasaban de Himmler a Heydrich, jefe del servicio de información, y de ahí a Werner von Blomberg, ministro de Defensa.
Ante tanto cúmulo de información potencialmente peligrosa para el gobierno, Hitler, aprovechando el bajo estado de salud de Hindenburg, se reunió en el acorazado Deutschland, el 11 de abril de 1934 con el Ministro de defensa y con los jefes de su Ejército y de la Armada. Allí se decidió que tras la muerte del presidente, Hitler accedería al poder pleno, y Himmler a la jefatura de la Gestapo.
Se acababan de poner la base para una conspiración contra Röhm. La noche de los cuchillos largos estaba a punto de llegar…
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