Escrito por Tendenzias

La fusión de los romanos y germanos

En los primeros años del siglo V, los pueblos germánicos, empujados por los jinetes hunos, franquearon las fronteras romanas y penetraron en el Imperio Romano de Occidente.

image

A principios del siglo VI, estos pueblos se instalaron en las ruinas de una Roma que había sido incapaz de mantener el control en su vasto territorio.

La fecha de 476 marca en la historia tradicional el quiebre entre la existencia del Imperio Romano y el comienzo de un nuevo orden llamado arbitrariamente la “Edad Media”, sin embargo, ese nuevo orden no se construyó de la noche a la mañana y, los cambios en la vida cotidiana no tenían el ritmo de la agitada esfera política.

Durante este período de lenta transformación social, existió en todo el territorio europeo una coexistencia entre dos tipos de culturas diferentes, la romana y la germánica.

Fueron precisos largos años para que las comunidades se asociaran hasta el punto de mezclar sus tradiciones y formar una verdadera nación. Los obstáculos para esta fusión eran ciertamente numerosos, por empezar, cada comunidad tenía su propia lengua, hasta era casi imposible comunicarse.

Los germanos centraban la educación de sus hijos en la guerra, mientras que los romanos estaban acostumbrados a trabajar la tierra, en el campo, o a dedicarse a labores comerciales, artesanales o estatales en las ciudades.

image

Pero la brecha más poderosa, quizá, entre las dos culturas fue la religión, esa característica que, bajo el lema de la evangelización, marcó la Antigüedad Tardía y transformó por entero a Europa.

El Imperio Romano y la Iglesia (católica) se habían ido identificado una con la otra al punto de implicarse mutuamente. Cuando los germanos eran paganos, como los francos o los sajones, escuchaban más permisivamente a los misioneros romanos.

Pero gran parte de los pueblos germánicos se había convertido ya a una forma de la fe cristiana que la Iglesia había declarado herética: el arrianismo, que ofreció una fuerte resistencia a la predicación católica.

En algunos lugares, prevaleció una cultura sobre otra. Por ejemplo en el sudeste de Inglaterra y en los confines de Germania, donde la presencia romana era ya débil, la cultura de los sajones dominó por entero las nuevas costumbres de las comunidades.

En otras regiones, por el contrario, los germanos sólo representaron una minoría. Los vándalos de Cartagena o los ostrogodos en Italia representaron amenazas fuertes pero pasajeras para el orden romano, que estaba bien enraizado en la comunidad.

Durante estos primeros períodos hubo yuxtaposición y segregación entre las dos culturas. Por ejemplo, en la región cerca de París, la comunidad germánica fundó la villa de Clignancourt, que se instaló al lado de la villa romana de Clichy.

image

Algunos kilómetros separaban los dos asentamientos, entre ellas se levantaba una barrera: cada comunidad obedecía la ley que su cultura imponía. En un mismo territorio no se castigaba de la misma manera el mismo delito.

Los romanos seguían rigiéndose bajo la lex romana. Los germanos conservaban sus leyes, que luego escribieron en latín.

Pero el tiempo trabajó en favor de la fusión: pasaron generaciones y borró el recuerdo del origen diferente de cada comunidad, los individuos se aproximaron.

¿Cuál de las dos culturas predominó? En cierto punto, cabe decir que los germanos se romanizaron. Pero esto fue más notorio en las clases altas. Los jefes adoptaron la lengua que hablaba la mayoría de sus súbditos, el latín. Pero este latín, tan difícil de aprender, fue modificándose, simplificándose, y llenándose de términos germánicos. Así nacieron las lenguas románicas.

En los sectores bajos y medios de la sociedad, que eran la mayoría y, en definitiva, el principal motor del cambio, sería más apropiado hablar de una preponderancia germánica.

Con el tiempo, la cultura europea comenzó a orbitar cada vez más alrededor de la guerra, un rasgo marcadamente germánico que perduraría durante todo el período medieval.

SobreHistoria.com

Newsletter