La batalla de Poitiers, parte III
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La batalla de Poitiers, parte III

La Guerra de los Cien Años a la que había dado pie el enfrentamiento entre las Coronas de Francia e Inglaterra, los Valois y los Plantagenet, encontró uno de sus momentos culminantes en Poitiers, aquel 17 de septiembre de 1356. La cuestión sucesoria parecía poder dirimirse en aquel territorio con un enfrentamiento directo entre Juan II, hijo de Felipe VI, de la dinastía de los Valois y actuales valedores por aquel entonces de la Corona de Francia, y Eduardo de Woodstock, hijo de Eduardo III de Inglaterra, de la dinastía de los Plantagenet y aspirante a la Corona francesa.

 Principe Negro

El ejército francés constaba de unas tropas mucho más numerosas que las inglesas, sin embargo, éstos eran famosos por su caballería y arqueros, y, sobre todo, porque al frente estaba Eduardo, el Príncipe Negro, un gran estratega, ganador de numerosas batallas por todo el territorio de Francia.

El domingo 18 de septiembre las tropas francesas, con más de 12.000 hombres apostaron sus hombres en las cercanías del bosque de Nouaillé, junto a Poitiers. Los ingleses, por contra, se situaron junto al río Miosson, por delante mismo del bosque, tras unos fosos y setos que habían. Eduardo colocó a sus famosos arqueros en las alas y además se aseguró una vía de escape por el río tras una primera derrota el día 19.

En la primera ofensiva, los franceses mandaron tres divisiones de infantería, sin embargo, el ataque de su caballería a los flancos fue repelido por los arqueros del Príncipe Negro. Carlos, hijo de Juan II, se adelantó y sin conocer los resultados de lo ocurrido en las alas, lanzó la infantería por el centro. Fueron dos horas de duro combate hasta que finalmente los franceses fueron rechazados. Junto a él, los condes de Anjou y de Poitiers también retrocedieron, dejando sólo en otra zona del campo de batalla al rey Juan II. Éste, lejos de retroceder se lanzó a la carga con sus últimas tropas contra el Príncipe Negro. Su grito de “adelante, ganaré el campo o seré preso o muerto“, restalló en todo el campo de batalla.

Sin embargo, liberadas las alas inglesas éstas se volcaron sobre los franceses. 60 caballeros y 100 arqueros atacaron por los lados a las tropas de Juan II hasta que consiguieron reducirlo y apresarlo.

 Poitiers

Cuenta la historia, o la leyenda, quién sabe, que enterado de la real presa, Eduardo sacó sus maneras de gentil caballero y organizó una cena en honor del rey francés. El mismo Eduardo sirvió la mesa del rey francés y su más alto séquito a quienes le reservó el mejor lugar. El propio Principe Negro se negó a sentarse a la misma mesa pues se consideraba indigno de sentarse en la mesa de tan gran rey.

Aquella batalla cambió el mapa político, pues como consecuencia del apresamiento de Juan II, los franceses se vieron obligados a firmar la paz de Bretigny en el año 1360, por la que Eduardo III renunciaba al trono de Francia pero, a cambio, engrandecía todas sus posesiones en territorio francés. Los Pirineos, el Macizo Central y el Loira formaron desde entonces la región de Aquitania, bajo mandato inglés, y además, se pidió un rescate por el rey de tres millones de escudos de oro. Sin embargo, aquella paz anglofrancesa fue efímera y poco después se reanudarían las hostilidades entre ambos países, esta vez con Francia bajo el Gobierno de Carlos, hijos de Juan II.

(continuará)

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