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La afrenta de Anagni, bofetada a un Papa


Situación difícil la que vivió el papa Bonifacio VIII a finales del siglo XIII y principios del XIV, enfrentado no sólo a la monarquía francesa sino también en lucha interna constante con otra poderosa familia italiana que aspiraba al papado.

Italia estaba dividida por aquel entonces en pequeños Estados que rivalizaban entre sí en poder; cada uno de esos Estados tenía a su frente a una familia que actuaba prácticamente como mecenas de la ciudad, y conseguir el trono de Roma a través del papado era algo de suma importancia para establecer su nombre y el de su Estado por encima del de los demás. La Iglesia tenía un poder que estaba por encima incluso del de los monarcas gracias a aquella antigua concepción teocrática proveniente de los tiempos de Carlomagno.

 Bonifacio VIII

1294 fue un año clave en las relaciones entre Felipe el Hermoso, monarca francés, y Bonifacio VIII, Papa de Roma. En aquel año, las continuas guerras mermaban las arcas francesas por lo que decidió imponer unos tributos a los clérigos franceses lo que chocaba con el poder divino que la Iglesia tenía atribuido y que la excluía de cualquier tipo de contribución. Comenzó así a tensarse las relaciones de tal modo que Bonifacio VIII criticó abiertamente a Felipe el Hermoso en su bula Clericis Laicos de 1296. Como resultado y en respuesta a aquella bula, el rey francés decidió cortar de raiz la exportación de dinero de Francia a Roma, y más tarde, en el año 1301, incluso llegó a detener a todo el legado pontificio en España, acusándolo de conspirar contra la Corona de Aragón.

Dos nuevas bulas papales volvieron a condenar al rey francés, amenazándolo incluso de excomulgarlo. Con la Unam Sanctam (1302) declaró: “es necesario que para la salvación del alma todos los seres humanos sean vasallos del pontificado romano“, y rompió definitivamente los pocos lazos que ya unían al pontífice de Roma con Felipe el Hermoso.

Por otro lado, el Papa, de la familia Caetani, estaba enfrentado a la familia Colonna, en la lucha por el pontificado desde que en el año 1297, los seguidores de los Caetania consiguieron rendir y destruir Palestrina, la capital de los Colonna. Esta familia tuvo que huir finalmente a Francia donde se alió con el monarca de aquel país.

Anagni era el lugar de recreo y sede del Papa. Allí se encontraba cuando Guillermo de Nogaret, ministro del rey francés, tomó las tropas y se presentó en Italia con 1600 hombres dispuestos a apresar al Papa. A la expedición se unió Sciarra Colonna, enemigo acérrimo de Bonifacio VII, quien, cuando estuvo frente al Papa, ya apresado por sorpresa, lo insultó y lo abofeteó. Fue el propio Nogaret el que evitó que allí mismo le matara Colonna, cuando desde el suelo Bonifacio VII le ofrecía su cabeza y su cuello gritándole que moriría, pero que lo haría como Papa.

Sin embargo, sólo tres días estuvo preso el Sumo Pontífice, pues de urgencia se consiguió reunir un buen número de seguiros de los Caetani que finalmente lo libertaron. Curiosamente, Bonifacio VII, dolido por tal afrenta, apenas resistió un mes más, pues murió en octubre de aquel mismo año. Tras su muerte, y con un nuevo Papa en la persona de Benedicto XI, se estaban comenzando a colocar las piedras angulares del Cisma de Occidente con la formación de una nueva sede pontifica en Aviñón unos años después.

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