Instituto Sukhumi, donde alemanes captivos experimentaron con energía atómica
Abjasia (Abkhazia) es una república autónoma de la República de Georgia, ex Unión Soviética. Allí, a las márgenes del Cáucaso se ve hoy en día un edificio mitad derruido, mitado cubierto por las hierbas. La naturaleza reclamó para sí el lugar donde 250 especialistas alemanes, “invitados” por Josef Stalin, trabajaron durante años en la carrera por la bomba atómica soviética.
Se trata del Instituto de Sukhumi, abandonado bajo un manto de vegetación que poco sabe de su pasado durante
El laboratorio atómico está abandonado, pero el instituto sigue existiendo, y hoy en día se trabaja allí para diseñar calentadores para los hogares. Suena irónico, pero es cierto.
Luego del colapso de
La región, y el terreno del Instituto pasó por una historia rara, ya que en la época del último zar ruso era una zona de vacaciones para la elite. Pero en la época soviética, de la guerra que mantenía el inmenso estado soviético contra los Estados Unidos, la situación era diferente.
Hace sesenta años llegaban allí científicos alemanes luego de la Segunda Guerra Mundial, para ayudar a Moscú en
La anécdota dice que fueron invitados a ir, pero de una forma que no permitía negativas. Uno se acuerda de Don Corleone diciendo “le hice una oferta que no pudo rechazar”.
Al parecer fueron llevados a Moscú, y luego Lavrenty Beria los llevó allí. Beria fue el encargado del programa nuclear y de la mal afamada policía secreta soviética.
Beria les dio la opción de trabajar en Siberia, en la península de Crimea o en Abjasia. El último ya tenía fama de zo
na de vacaciones antes del régimen soviético, como contábamos, y en la época soviética tanto Beria como Stalin tenían sus casas de vacaciones, así que los alemanes terminaron eligiendo allí, otra vez no se sabe si fue una elección o una imposición.
Lo que les pidieron fue simple: “hagan una bomba atómica”. Allí los alemanes, con familias y todo, comenzaron a trabajar en los centrifugadores que son una etapa vital para crear los materiales necesarios para la bomba.
Trabajaron casi una década allí. A Hertz hasta le hicieron una casa similar a la que tenía en Alemania, tenían siervos y todo, sí, en pleno régimen comunista. El tema es que esos siervos eran todos informantes de la policía secreta.
Tenían toda una sociedad que recordaba a
Y ya en los años 50 los soviéticos decidieron que los alemanes habían cumplido su propósito, así que comenzaron a dejarlos ir a casa. En 1955 se fue el último alemán. El único que quedó fue un austriaco que se había casado con una mujer local.
Y hoy, sólo quedan ocho tumbas en el cementerio municipal, y un edificio tomado por las plantas, como prueba de su paso por allí.
Pero allí se siguió trabajando, aunque en menor medida, en minireactores atómicos para generar electricidad en zonas remotas, uno fue usado en un satélite, incluso.
Pero cuando
Vía: Reuters
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Artículo de Martín Cagliani
Soy escritor con estudios de periodismo científico, antropología e historia, y también de guión de cine y televisión.


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