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Imperio Bizantino: historia resumida

El Imperio Bizantino, conocido también por “Bizancio o de Imperio romano de Oriente” ha sido uno de los más importantes e interesantes de la historia. Os damos más información a continuación.

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Imperio Bizantino | Origen

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Los orígenes de la gran civilización conocida como el Imperio Bizantino se remontan al año 330 d.C., cuando el emperador romano Constantino I fundó Constantinopla, una “nueva Roma” en el sitio de la antigua colonia griega de Bizancio. Aunque la mitad occidental del imperio romano se derrumbó y cayó en el año 476, el Imperio Romano de Oriente le sobrevivió por 1.000 años más.

El término “bizantino” se deriva de Bizancio, una antigua colonia griega fundada por un hombre llamado Byzas. Esta población estaba situada en el lado europeo del Bósforo (el estrecho que une el Mar Negro con el Mediterráneo). Una ubicación estratégica como punto de tránsito y de comercio entre Europa y Asia Menor.

Imperio Bizantino | Constantino

Tête de Constantin 1er - Palazzo dei Conservatori - MC0757

Constantino gobernó sobre un Imperio romano unificado, pero en el año 364 el emperador Valentiniano I dividió el imperio en las secciones este y oeste. El destino de las dos regiones se separó. En 476, el bárbaro Odoacro derrocó al último emperador romano de Occidente, Roma había caído.

Pero la mitad oriental del Imperio Romano resultó ser menos vulnerable a los ataques externos, gracias en parte a su ubicación geográfica que hacía muy difícil penetrar las defensas de la capital, Constantinopla.

Los emperadores orientales fueron capaces de ejercer un mayor control sobre los recursos económicos del imperio y de manera más eficaz reunir mano de obra suficiente para combatir la invasión.

Imperio Bizantino| Religión y cultura

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A pesar de que Bizancio fue regido por la ley e instituciones políticas romanas y su idioma oficial era el latín, el griego también se habla, y los estudiantes recibieron la educación de la historia griega, la literatura y la cultura.

En términos de religión, el emperador bizantino era el patriarca de Constantinopla, es decir el jefe de la Iglesia y del Estado, era el líder espiritual de la mayoría de los cristianos orientales.

El legado del Imperio bizantino ha dejado una rica tradición de arte y literatura. Además políticamente tuvo una gran importancia como “barrera” entre los estados medievales de Europa y la amenaza de invasión de los pueblos asiáticos.

El Imperio bizantino cayó finalmente en 1453, después de que un ejército otomano atacara Constantinopla durante el reinado de Constantino XI.

La caída del Imperio Bizantino: el fin de una era

La caída de Constantinopla, que tuvo lugar en el 29 de mayo de 1453, no podía ser sino la crónica de una muerte anunciada. El desintegrado Imperio Bizantino, otrora indestructible, había empezado su declive tiempo atrás y el avance inexorable de los otomanos, que habían conquistado a la altura del siglo XV enormes territorios en Asia y el norte de África, no encontró en ellos una gran oposición. Sin embargo, su caída supuso un verdadero shock para el mundo cristiano, que veía cómo las puertas de Europa se habrían para los otomanos. Asimismo, la caída de Constantinopla suponía el fin de un Imperio que había durado más de mil años y al que, pese a los reclamos del Sacro Imperio Romano Germánico, se seguía considerando en buena medida como los herederos más directos del célebre y glorioso Imperio Romano. De hecho, la conquista de esta mítica ciudad fue tan importante que los historiadores han considerado 1453 como la fecha de referencia que separa la edad Media de la Edad Moderna.

caída de Constantinopla
La caída de Constantinopla influyó de diferentes y destacadas formas en la cultura occidental de la época. Así, por ejemplo, se sabe que, ante la inminente caída de la milenaria ciudad, muchos artistas e intelectuales de origen bizantino decidieron partir hacia occidente. Se establecieron especialmente en diferentes territorios de Italia, con los que Bizancio habían tenido intensas relaciones comerciales. Dichos intelectuales y artistas llevaron consigo sus conocimientos y muchos manuscritos de todo tipo que querían salvar de la destrucción que los otomanos dejaban a su paso. De esta forma, llegaron a Occidente una enorme cantidad de conocimientos que no se conocían previamente y que tuvieron una gran influencia en el auge del Renacimiento que se estaba produciendo, especialmente en el caso de los escritos de la filosofía neoplatónica.

En todo caso, el final del Imperio Bizantino supuso un duro golpe para la Cristiandad Occidental. No solo desaparecía un símbolo político, ideológico, religioso y cultural que había sido referencia durante milenios, sino que significaba que el peligro otomano ya no tenía apenas ninguna barrera que le separara de Europa. De hecho, los enfrentamientos entre diferentes ejércitos cristianos y el poder turco fueron constantes durante las siguientes décadas, llegando a sitiar la célebre ciudad de Viena en varias ocasiones, la última de ellas más de dos siglos después de la caída de Constantinopla, en 1683. Este impacto convirtió su reconquista en una ambición constante pero, aunque el papa Pío II llamó a todos los líderes cristianos a una Cruzada para reconquistarla en 1459, esta nunca se llevó a cabo.

Pese a los deseos expresados en algunos escritos y cantados en la literatura de los años posteriores, nunca se realizó, durante la Edad Moderna, ningún intento serio de reconquistar Constantinopla, especialmente cuando Europa ya tenía suficientes problemas solo para evitar que los otomanos conquistaran más terreno. Además, la idea de la Reconquista de Tierra Santa siempre tuvo un lugar predominante en el imaginario colectivo de los siglos posteriores, relegando la idea de la salvación de Constantinopla a un segundo plano. Pero nunca se olvidó.

Imperio Bizantin -Estambul
Cabe destacar, como curiosidad, que una versión moderna de la recuperación de Constantinopla apareció en los planes del gobierno griego a principios del siglo XX. El político griego Eleftherios Venizelos, uno de los líderes del movimiento de liberación nacional, presentó el que recibió el nombre de proyecto o idea Megali. El proyecto Megali era una idea estrechamente vinculada al nacionalismo griego que defendía que todas las tierras habitadas por población cuyo origen étnico fuera griego debían formar un único estado. Esto significaba “salvar” a muchos territorios que habían pertenecido al Imperio Bizantino del yugo de un Imperio Otomano próximo ya a su desaparición. Durante la guerra Greco-Turca que se desarrolló entre 1919 y 1922, el gobierno griego, bajo la idea Megali, quiso intentar la reconquista de Constantinopla, aprovechando que el Imperio Otomano había quedado muy debilitado tras el fin de la I Guerra Mundial (1914-1918).

Sin embargo, los griegos nunca lograron este objetivo y fueron derrotados en esta contienda, siendo obligados por los hechos posteriores a abandonar todo lo relacionado con el proyecto Megali. Sin embargo, algunas corrientes e ideologías griegas todavía defienden la unión política de aquellos territorios de origen étnico griego y que muchos territorios vinculados al antiguo Imperio Bizantino (incluida la actual Estambul) deberían formar un complejo grupo unido.

Fotos Imperio Bizantino:

Vídeo del Imperio bizantino:

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