El caballero medieval en el combate
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El caballero medieval en el combate

A principios del siglo XI, algunos guerreros a caballo se distinguieron de la masa de hombres libres. ¿Por qué? Entre los siglos VIII y IX, los métodos de combate se habían transformado radicalmente, y sólo una pequeña cantidad de personas supo cómo dominar el selecto servicio de las armas y convertirse en un caballero.

 

Si vemos en una película un ejército lleno de miles de miles de caballeros, o un hombre que se sube a un caballo y automáticamente pelea como un caballero medieval, no debemos perder nunca de vista que eso es pura ficción y, no está de más decirlo, un insulto para el trabajo y la educación que durante años llevaban a cabo los caballeros de la Edad Media.

Ser caballero era sumamente difícil. En primer lugar, requería dinero. Los caballos, las armas, y las armaduras se encontraban entre los objetos más costosos de esa época.

La caballería fue tomando cada vez más protagonismo en la historia medieval, no siempre estuvo conformada por poderosos guerreros y señores.

 

El combatiente carolingio

En la época de Carlomagno, cuando el ejército estaba formado todavía por infantes, la caballería pesada representaba ya un papel primordial, porque los ejércitos así se podían desplazar con mayor rapidez.

Tapiz de Bayeaux, representación carolingia

Pero durante el combate, los jinetes utilizaban muy mal sus monturas: al acercarse el enemigo, blandían sus lanzas con la punta hacia adelante y luego echaban el brazo hacia atrás para arrojarlas sobre los adversarios.

Después de este primer asalto a rango, seguía el combate con espada. Cargar a caballo blandiendo una pesada espada de dos filos era extremadamente difícil, los jinetes estaban mal afianzados en una montura precaria desprovista de estribos. Por eso se veían obligados a bajarse del caballo para combatir con la espada cuerpo a cuerpo.

Y era en ese momento cuando el pesado equipo que acarreaban desde el caballo se volvía un obstáculo: la brogne, una especie de túnica de cuero forrado de crin y cubierto de placas de hierro para amortiguar el choque de la jabalina, embarazaba los movimientos del esgrimidor, lo mismo que el escudo largo, que no tenía otra forma de moverse salvo que arrastrándolo por el suelo.

Tapiz de Bayeaux, combina técnicas carolingias (jabalina) con las del siglo XI (loriga)

Resumiendo: se combatía a pie con un equipo pensado para el combate a caballo.

 

El caballero del siglo XII

En cambio, a fines del siglo XII, el ejército se identificó casi completamente con la caballería pesada, y los combatientes se enfrentaban a caballo, siguiendo un nuevo método de combate.

Los perfeccionamientos técnicos son el origen de esta transformación. En primer lugar, los jinetes disponían de mejores monturas, probablemente inspirados por los húngaros, cuyas cabalgadas habían aterrorizado Europa en el siglo X.

Los caballeros incorporaron su tipo de arnés para el caballo, se sentaban ahora firmemente sobre la silla que se levantaba por delante y por detrás. Los pies iban equipados con espuelas que intruducían en los estribos, donde podían apoyarse. Así se ganó mucha estabilidad y libertad de movimientos sobre la montura.

Por otro lado, se comenzó a cuidar mejor a los caballos. Se herraban sus cascos y se atendía a la crianza de corceles robustos. El cultivo de avena, destinado al caballo, creció a costas del de la cebada.

Además, a partir del siglo XI, el traje de cuero fue sustituido por la loriga enteramente tejida en hierro. Una verdadera cota de malla que protegía casi todo el cuerpo del combatiente: lo cubría hasta las rodillas pero incluía unas aberturas para garantizar la libertad de movimiento. El yelmo, un casco cónico o piramidal, se colocaba encima, y también cubría el centro de la cara.

Todo este atuendo pesado obstaculizaba la marcha, incluso el yelmo reducía en parte la visión. Pero, vestido así, el combatiente del siglo XI era casi invulnerable, la jabalina no tenía ninguna eficacia contra la loriga. Por tanto, había que buscar nuevos métodos para alcanzar al adversario.

Poco a poco, el caballero que se sentía muy seguro arriba del corcel, también comprendió las nuevas posibilidades que tenía para el manejo de las armas.

 

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