Alejandro Magno, conquistador, parte I
La guerra del Peloponeso y las novedades tácticas que se iban imponiendo en los campos de combates fueron los elementos principales que en su momento acabaron con el poder de la Grecia Clásica. Atenas había sido derrotada, y Esparta, la otra gran superviviente de aquellos pueblos griegos, estaba materialmente agotada frente al empuje tebano. Leuctra, en el año 371 a.C. y Mantinea en el 362 a.C. supusieron dos fuertes derrotas griegas frente al ejercito tebano comandado por Epanimondas. Fue el fin de la hegemonía de Atenas, y como resultado de aquella derrota, para fijar la paz en el territorio, los tebanos tomaron como rehenes a muchos hijos de altos nobles griegos. Uno de aquellos rehenes fue Filipo, padre del gran Alejandro.
Unos años después aquel joven griego se convertiría en rey de Macedonia, un pequeño territorio que formaba parte de la Grecia Clásica. Pero Filipo II volvió de su retiro tebano con las miras muy altos y una ambición fuera de control. Había aprendido muchas de las novedosas técnicas de guerra tebanas y, además, sabía que no todos los reinos eternamente. Poco a poco, en su cabeza se fue fijando la idea de hacer grande a Macedonia.
Decidido a ello, empezó a crear el que sería años después el ejército más poderoso del Mundo. Aquella ambición, aquella fuerza interior y aquél ejército formaron parte de la persona en que luego se convertiría el gran Alejandro, hijo de Filipo y de Olimpia. Había adquirido el carácter dominante y guerrero del padre con la inteligencia supina y su pequeña dosis de locura de la madre.
Cuando en el año 336 a.C. su padre Filipo fue asesinado, Alejandro se convirtió en Rey de Macedonia por derecho propio.
Nacido en Pella, en el año 356, habia sido desde muy pequeño preparado para ser rey, y aunque le faltaba la fuerza corporal que el padre le requería, sí tenía la inteligencia para saber controlar en cada momento el combate y la organización. No en balde había tenido como maestro a Aristóteles.

Alejandro Magno en el Templo de Jerusalén, Santiago Conca – Museo del Prado
Filipo había conseguido unir bajo su reinado a diversos territorios a los que había conquistado, pero a su muerte, la lucha por el poder devino en rebeliones internas, que el propio Alejandro se encargó de sofocar en sus primeros años de reinado. Sin embargo, en su mente subyacía la misma idea que le había inculcado su padre, Filipo II de Macedonia: la de formar un gran ejército y vengarse de todos aquellos que pusieron de rodillas a los griegos años atrás. Quería derrotar a los persas, a los que comandaba el Rey Darío III.
En el año 334 a.C. su ambición ya no pudo más y con un pequeño ejército de apenas 35.000 soldados, se lanzó contra su enemigo. Había conseguido unir bajo su mando a los griegos y su fuerza y conocimiento se acrecentaba por meses. Y, sobre todo, el terror que ya infundía su nombre por todos lados, ya que su primera acción fue lanzarse contra los tebanos que tan severa derrota habían infringido a los atenienses y espartanos años atrás. Los tebanos fueron practicamente aniquilados y su población vendida como esclava. Después de aquello, ningún otro poblado fue capaz de oponerse a sus designios.
Ya sólo le faltaba cruzar los Dardanelos e ir a por Darío III y los sátrapas que manejaban el gobierno persa en aquella época. Era el momento de Alejandro. El momento de la Historia en que nació un gran conquistador: Alejandro Magno.
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Comentarios al artículo
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Fecha: 6, December, 2007 at 3:00 am
esta bien completo el resumen sobre alejandro, aunque plasmar la tactica de alejandro en combates como el de gaugamela.
dejo la pregunta: ¿ estara alejandro dentro de los 3 mejores generales de la historia?
aqui opinen y den nombre
adios super bueno el blog
2
Fecha: 14, December, 2007 at 8:54 pm
[...] os contamos anteriormente cómo Alejandro Magno había conseguido llegar a ser rey de Macedonia. Muerto su padre, Filipo II, Alejandro, a sus 16 años, se deshizo de cuantos se oponían a su [...]
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